Cajón de Sastre

Sexualidad, Homosexualidad y Espiritualidad   (26/4/2005)

La sexualidad, ya sea en su modalidad hétero, homo, bi, tri, trans, o en futuras formas que a nuestra generación ni se le ocurre todavía pensar que pudieran llegar a existir, tales como… no, no se me ocurre ninguna, debe ser porque pertenezco a esta generación…, no tiene nada negativo, nada pecaminoso en sí misma; al contrario.

La sexualidad tiene una relación fundamental con la reproducción de la vida, nada menos; entonces resulta evidente que se trata de algo de primerísima jerarquía dentro de lo que es el sistema de la Vida en general, por lo tanto el sexo no puede tener nada de “malo” o “sucio”.
Esos son calificativos meramente humanos, sociales, costumbres que se esfuman con el tiempo; no verdades objetivas.
No todas las sociedades de nuestro planeta tienen esa desenfocada visión con respecto a la sexualidad, y no todas lo han tenido, lo cual es otro indicio acerca de lo relativo y subjetivo que resulta suponer que el sexo es algo sucio.

Pero no sólo en la reproducción de la vida tiene una importancia extrema la sexualidad, sino además en la calidad de la vida.

La naturaleza es la escritura más sagrada y más verdadera que existe, por ese camino no hay error ni peligro; no hay deformaciones ni borrones ni sobreescrituras ni falsificaciones.
Por el camino de las elucubraciones humanas sí.
A veces se termina asesinando masivamente en el nombre de dios.
Lo escribo con minúscula porque el verdadero Dios, que es Amor, jamás podría inspirar tales aberraciones.

El hombre ha podido guiarse desde tiempos remotos por la naturaleza, desde milenios antes de que apareciesen las escrituras, y aquí estamos nosotros, lo cual indica que ellos pudieron salir adelante, guiados simplemente por la sabiduría natural.
Dios se expresa a cada momento, en todas las cosas.

Observemos también nosotros la naturaleza, creación del Ingeniero Sideral, para ver qué podemos descubrir acerca del misterio de la sexualidad:
Cien mil semillas crea natura en un árbol; con una sola se cumple el objetivo reproductor…

Resulta obvio entonces que el sistema eco-biológico, o sea natura, Dios, si Ud. así lo prefiere, ha concebido las nueve mil novecientas noventa y nueve semillas restantes, no para que se pierdan, nada está hecho para perderse, no hay bobos detrás del gran sistema universal, sino para que las disfruten los pájaros y otros animales, y para que abonen la tierra, y que el jolgorio de la Vida siga adelante, trayendo nuevas almas al gran baile.

No sólo para objetivos de reproducción existe la energía sexual, la Gran Mente no es tan estrecha como algunas humanas mentes lo son.
Los amantes no desean traer al mundo un bebé cada noche; sólo muy de vez en cuando, pero el resto de las noches desean simplemente amarse, alimentar de energías amorosas sus almas para seguir viviendo; lo necesitan, es algo como comer o respirar.
Somos así.
Reflejamos el Amor porque Dios es Amor.
Somos a Su imagen y semejanza.
Y cuando falta ese alimento, la vida tiene menor calidad, y a veces su carencia genera enfermedades, a veces del alma.
Es así como la sexualidad incrementa la calidad de la vida, no sólo la genera.

Si el amoroso Amor pone allí esa fuerza, la cual da origen a una de las más poderosas necesidades humanas, no nos va a prohibir satisfacerla, no creo en dioses sádicos, eso es una mala interpretación humana, no exenta de cierta perversidad, inconsciente con seguridad, nadie es malvado a sabiendas sino porque cree que hace lo adecuado, según sus parámetros.
Lo malo es que hemos heredado tanta bobada… tanta cosa ilógica, perversa y dañina como parámetros…

Ponernos necesidades tan fuertes, y al mismo tiempo prohibirnos satisfacerlas, sería como ponernos el hambre y prohibirnos comer…
“Sólo lo justo para no morir; el resto es gula”…

Dios no es un canalla torturador, no es un sádico.
El hombre sí; se ha pasado toda su historia en eso, haciendo sufrir a su semejante, y sigue, mire usted los periódicos de hoy.
Y no sabemos si no terminará por liquidarnos a todos de una vez…
Y también hace sufrir al ser humano mediante perversidades “teológicas”, naturalmente, más bien “antinaturalmente”.

Para mí no hay “la escritura dice”.
A veces sí, porque coincide con mi Luz o me aporta más Luz.
Pero otras veces, por más que la escritura diga lo que diga, si mi inteligencia y mi corazón me hacen ver con claridad que lo que está escrito allí es un error, pues no le haré caso a la escritura.
Y si encima de eso veo que la naturaleza me da la razón, menos caso le haré a la escritura.
Las escrituras son cosa de hombres; la naturaleza es cosa de Dios.
Yo no voy a apedrear a una mujer que se enamoró de otro y dejó a su marido, aunque la escritura me diga que debo hacerlo.
El Amor llega y se retira cuando a Él le place, no se le puede obligar a nada.
Tampoco voy a apedrear hasta la muerte a una pareja de gays porque alguna escritura así me lo ordena hacer.
Los entendidos afirman que la homosexualidad ocurre en todas las especies, y en la misma medida que en la población humana, o sea cifras cercanas al diez por ciento de la población de cualquier especie, o sea seiscientos millones de almas en el caso del hombre…
¿Seiscientos millones de errores de Dios?…
Algo que sucede en todas las especies es algo NATURAL, obviamente.
O sea que la homosexualidad es natural, porque Dios, la naturaleza, la creó.
Tal vez para medir la dureza de nuestros corazones…

La pedofilia por ejemplo no es natural, jamás se ha visto ni al más loco y más ardiente de los monos violando a un monito bebé.
Esas son perversidades meramente humanas.
Pero algunos malintencionados tratan de poner la homosexualidad al mismo nivel que la pedofilia y otras perversiones…
Los perversos son ellos. Si lo que está afuera nos parece demonio, es porque nos refleja lo que tenemos por dentro.
El ojo tiñe con su propia fealdad o belleza aquello que ve.

Mi inteligencia y mi corazón me indican que sería una abominación lapidar a una pareja de gays o a una mujer que ya no ama a su marido sino a otro, pobres chicos, ¿matarlos?… ¿Estamos locos acaso?.
Pues lo estuvimos, o lo estuvieron otros más bien, pero que ya no venga por aquí gente de esa calaña.
Puede usted guardarse su escritura; yo no soy un canalla ni un loco.

Yo mismo estoy en el asunto de las escrituras, o estuve, por eso sé que a veces se cuelan allí cosas no tan divinas, cosas humanas, y por eso mismo me retiré de esa forma de intentar sensibilizar en torno a la importancia del Amor.
Era demasiado peligroso escribir en el nombre de Dios, por más que hubiese aclarado en la misma tapa del libro, Mensaje Acuariano, que se trataba de “mí” Dios, de mi forma particular de concebirlo.
Uno va escribiendo en la medida de su propia capacidad de comprensión.
Si uno crece más, debe corregir cosas que escribió en el pasado, y yo a veces ingreso en corrientes de crecimiento interior que me transforman en poco tiempo.

Doné ese libro a la humanidad, cualquiera puede editarlo sin pagar nada; está por ahí, en Internet, en Google; pero ahora no doy el cien por ciento de mi respaldo a todo lo que escribí allí, porque voy creciendo.
Tendría que vivir corrigiendo y corrigiendo, en la medida que mi propio crecimiento interior me vaya aclarando más lo que me pareció recibir antes de parte de mi Dios.
Porque no es que Dios se le ponga a uno al lado con un megáfono, ojalá. Es algo muy sutil y delicado, algo interior, y el hombre no siempre llega a ciertas alturas de comprensión.

Imposible vivir corrigiendo un libro o varios. Basta.
Ya no somos el mismo de antes, por eso otro nombre y otro sitio web y otra forma de expresión, la de hoy, producto de mi crecimiento interior.
Y lo de ayer, en otro lugar, otro nombre, otro señor.
Por eso me siento más que autorizado para no confiar en todo lo que dicen las escrituras, conozco el terreno desde adentro.
Pero recuerdo que ya desde niño, tampoco me engullía todo sin digerirlo. Algunas cosas nunca me las pude tragar, me parecían exceso de fantasía, igual que hoy.
Por eso y otras cosas no me hice sacerdote, aunque era y es mi vocación.
Pero finalmente lo soy de alguna forma, y este tipo de sacerdocio, si es que ser sacerdote es orientar en torno a las cosas de Dios, me resulta mucho más cómodo al alma, porque es más libre, porque no hay hombres entre Dios y yo, porque no tengo que avalar verdades que no he constatado.
No me gusta hacer eso porque soy honesto. Trato de no difundir nada que yo no haya comprobado en mí mismo, porque hacerlo es ser deshonesto, difundir vaguedades, incertidumbres; presentar como verdad algo que no ha sido comprobado como tal.
Creer en Dios y en el Amor, que para mí son lo mismo, es mi única «superstición» no comprobada científicamente, la única.
En mi religión, de la que soy el único feligrés, aparte de ser el mismo Papa (de mi religión y no de alguna otra), y donde no se aceptan más feligreses, no se predica la abstinencia sexual.
No se predica por lo dicho antes, porque es necesaria la sexualidad también para mejorar la calidad de vida de las personas, no sólo para la reproducción.
Pregúntele a un médico, a un psiquiatra, a un psicólogo, a un sexólogo, que sabe más al respecto que un desconocedor de esa materia.
La sexualidad es también un alimento del alma, la sexualidad junto al amor.
Y también hay prácticas sexuales destinadas a la elevación espiritual.
Dios es mucho más magnánimo de lo que nuestra limitada imaginación imagina.
Pone muchas posibilidades en todas las cosas.
¿Sólo para procreación?… vamos…
¿Sólo entre sexos diferentes?
¿Y por qué entonces Dios le pone a algunos las ganas de amar a alguien de su mismo sexo?
¿Tienen sexo las almas?…

¿Que hay almas que se sienten naturalmente inclinadas hacia la castidad por motivos espirituales?
Magnífico, pues que la practiquen, tal vez obtengamos grandes perlas de espiritualidad provenientes de esa sublimación energética, puede ser incluso en forma de irradiación vibratoria. Las oraciones de los monjes ejercen una influencia benéfica sobre la humanidad.
Pero como decía Pablo: “Quien tenga el don”…
Y quien no lo tenga, quien no esté interesado en practicar la castidad, pues que disfrute de las bendiciones del amor de pareja, sea cual sea la pareja que le haga feliz.
Si Dios le dio una fuerza sexual tan abundante, y él no se siente calificado para ser padre, pues que la disfrute y canalice como mejor pueda.
“Nadie entre tú y Tú”.
“Tú pones las reglas”.
Si es el Amor quien te guía.
OJO: y también el sentido común.
Amor y sentido común van de la mano, pero a veces las ideas del hombre no van de la mano del sentido común.

Mi religión considera que ya que las parejas humanas necesitan ejercitar tan frecuentemente el amor, porque Dios las hizo así, ardientes, y ya que va resultando tan complicado traer muchos niños al mundo en este moderno y caro mundo, pues los métodos que eviten el embarazo pueden aplicarse.
Pura lógica, sentido común. No hay que darle demasiadas vueltas, ninguna.
El tema del aborto sí que es complicado, pero evitar la concepción indeseada no.

Además llegó el sida, la muerte, que se evita en primer lugar no practicando una sexualidad promiscua, de pleno acuerdo.
La fuerza sexual no sólo no es sucia; además es sagrada, así que no se debe ensuciar.
Lo ideal es sexo con amor y con pareja estable, del sexo que más nos acomode.
Pero la necesidad sexual humana es inmensa, sobre todo en la juventud, y no siempre se tiene amor ni una pareja estable, entonces condón. Punto, claro como el agua. O peligro de muerte.
Por ahora no se ha inventado nada tan efectivo, aunque no sea cien por ciento efectivo.
Dios es lógico, por eso nos dio en este tiempo de peligro de sobrepoblación y sida, la tecnología para fabricar condones de látex. No es algo casual.

Algunas personas piensan que no se deben utilizar cosas “artificiales” en asuntos naturales.
Entonces no usemos tampoco las gafas o anteojos, las prótesis dentales y de todo tipo, los implantes de toda clase, las muletas…
No usemos papel higiénico, utilicemos sólo las manos para limpiarnos…

Muchas veces digo que no es más Amor lo que arreglaría este mundo, sino más cerebro, más lógica, menos burradas…

Prohibamos las podadoras de césped, la maquinaria agrícola, la tecnología médica, toda la tecnología, puesto que toda ella es artificial, y se inmiscuye en nuestros asuntos naturales, comemos tecnología, nos jabonamos con tecnología, viajamos con tecnología y a veces nos libramos de la muerte gracias a la tecnología, respiradores artificiales, quimioterapias, etc.
Y no tiene nada de malo; al contrario.
El hombre puede y debe intervenir en la naturaleza, ayudarla, como la ayuda aquel que de un lugar eriazo crea un jardín japonés.
Si el motivador es el Amor y la tecnología le ayuda a vivir mejor, bienvenida sea la tecnología.
Simplemente lógico, sentido común.

Dejemos vivir en paz a la pobre gente, que tantas cargas tiene ya sobre sus hombros.
No le neguemos alegrías y satisfacciones que Dios no les niega.
Respetemos a quienes Dios hizo diferentes de nosotros.
Cumplir con la Ley de Dios es simplemente no ser canalla.
Usted trate de no serlo, de no hacer sufrir a nadie.

Enrique Barrios