Cajón de Sastre
Enrique Barrios por EB
Siempre trato de evitar la posible mistificación o mitificación o idealización de ese personaje con el que convivo desde hace 66 años, es decir, yo.
Cansa, el asunto, cansa; pero bueh, no hay cómo divorciarse…
Está claro que los libros de ese ciudadano de la República de la Tierra han entregado muchísima Luz a millones de personas en todo el mundo, y siguen haciéndolo.
Agradezco a ese Gran Árbol al que pertenezco, del que soy un pequeño grano de polen de una de sus miles de flores.
A algunos, ciertas páginas les han sacado una negra venda de los ojos y sus vidas han cambiado de manera muy positiva, y entre ellos hay quienes se encandilan, se confunden, y tienden a considerar a EB como un gran ser, como un Maestro, y cosas más desproporcionadas inclusive, como si fuese él la fuente de esa Luz.
Y uno sabe que no, uno se sabe igual que la gente común, peor en ciertos aspectos, un poco mejor en otros; por eso uno sabe que esa buena gente está equivocada, que uno es muy parecido a ella misma.
Pero muchos no lo creen así, y cuando me descubren algún rasgo humano:
«¡Usted se contradice, escribe una cosa y hace otra!».
¿Ve? Eso lo dicen debido a la famosa idealización. Ahora veremos por qué se equivocan en cosas que tienen que ver con la transmisión de contenidos de Luz.
Para comenzar, yo soy una persona común que tiene una misión.
¿Qué misión?
Hacer lo que pueda para que el mundo sea mejor, para que haya más felicidad y menos sufrimiento.
Gran cosa, casi todo el mundo a su manera hace lo mismo…
Lo sé, entiendo que eso es así, que no me hace muy especial. Sólo que a mí me dieron un don, una herramienta, para facilitar mi misión.
¿Qué herramienta?
Mi «antena», que no será de las mejores, pero tiene la particularidad de ser capaz de captar emisiónes vibratorias (mentales) de una elevada fuente de emisión, pero con cierta interferencia.
¿Debido a qué?
A las limitaciones de mi cerebro, que es producto de genes simios en un 90%, y de genes de una especie de mayor evolución que la humana actual; digámosles metafóricamente «genes estelares», en un 10%, es decir, ig…
Ah, se cree muy especial por esos genes…, ya lo veo. ¡Qué ego!
Igual que usted y que todos, sólo que no me dejó terminar.
Entonces se cree muy especial por la famosa antena esa que diz que tiene…
No considero que mi antena sea una virtud sino un don, algo que me llegó como un regalo, una herramienta de trabajo para un fin superior y a través de un Elemento superior.
¿Qué elemento superior?
Escribí Elemento con mayúscula…
¡Humf!… ¿Qué Elemento superior?
El Transmisor de esas elevadas comunicaciones; es decir, quien llama desde el otro lado del teléfono.
¿Quién llama?…
Alguien será, pues…
¿Pero quién?…
Quien será, pues…
Encima se hace el misterioso…
Sucede que no es fácil definir cosas tan… sutiles. Algunos piensan que Ami es real y que esa sería la fuente de transmisión de conocimientos universales más bien elevados; elevados por su simpleza, en un mundo de mente complicada (y retorcida)…
Otros piensan que el Libro de Dios Amor lo recibí directo de Dios, incluso gente avanzadísima, gente que sí son maestros, no como uno, me lo ha dicho.
Y debido a su elevación espiritual esas personas se han dado cuenta de algo que no se dan cuenta quienes me idealizan, de que soy un tipo medianamente bobo, medianamente inteligente, medianamente bueno, medianamente malo; igual que el señor Rojas de la esquina, como su papá o su abuelo, sólo que con una misión y un «teléfono» muy especial, capaz de recibir desde Dios…
Doña Violita, doña Mata Ji o Indra Devi y otros seres luminosos, así lo dijeron, como una forma de explicarme algo complejo (en aquellos comienzos de los 80 yo no entendía casi nada del proceso que aquí estoy explicando), y es así por un lado, viene de Dios; pero no tan así por otro, no es que la Luz venga directo de Dios hacia mí sino desde Dios a un «transformador», a varios tal vez, como en una cadena o pirámide que desciende desde el TODO, llegando primero a seres inmensos, logos solares, divinidades galácticas, y va descendiendo la energía y el nivel de esos seres, cada uno de ellos va recibiendo y reduciendo a su propio nivel el poder y la Luz de la energía, retransmiténdola hacia abajo, como «mi Amigo de Arriba» hacia mí, haciéndose la Luz asimilable por las pequeñas inteligencias de las criaturas humanas terrestres, cosa de la que trato de ocuparme, yo y otros miles, cada uno desde su trinchera de Luz.
Y siguiendo ese sistema universal de transmisión de la Luz, nosotros también debemos irradiar hacia otros que saben menos, y por eso formamos instructores, para que a su vez difundan hacia más abajo, que es donde más se necesita.
Es en realidad la evolución de la Luz del Amor a través del Universo y de las dimensiones.
Y para ese propósito es que «mi Amigo de Arriba» se toma la molestia (dice en este momento que no es molestia sino un «agradable agrado») (pobre, no sabe de redundancias)… (Ahora dice que sabe muy bien, que eso lo dijo intencionalmente), se toma la molestia de aguantarme, todo con la finalidad de ayudar a difundir la Luz del Conocimiento Universal en este planeta.
Pero no es que esté siempre en conexión, sólo cuando el telefonito suena, que es muy ocasionalmente, claro que cuando suena deja una caminonada de conocimiento nuevo. En estos momentos va y viene, pero está, como quien vigila los detalles, pero lo importante del mensaje ya se ha entregado.
Cuando yo daba conferencias sonaba siempre el telefonito, y sólo iba repitiendo ante la gente lo que me iba llegando.
Pero fuera del servicio soy tan común como ese señor que va pasando por la calle, me llega la mente de la calle y soy un pájaro de la calle, del montón.
A veces antes de dar una conferencia alguien me preguntaba alguna cosa espiritual que yo ni siquiera entendía, entonces le decía que me preguntase en la parte final de la charla, ya que entonces el micrófono se ofrece al público.
¡Mire qué terrible! Mi ignorancia y falta de Luz en mi mente de la calle no me permitía entender lo que me preguntaron, ¡y me echaba yo mismo «a los leones»! a tener que responder algo que no entendía, ¡ante un teatro lleno!
¿Y si no llegaba a entender? Pero confiaba porque sabía que en el escenario suena el telefonito, y salgo de mi mente de la calle y entro en otra, más sabia.
Y siempre me ocurría que cuando escuchaba la «compleja pregunta» en el escenario, antes de que la persona terminase de hablar yo ya había entendido todo, y me parecía algo demasiado sencillo, y no podía entender cómo en mi mente de la calle no era capaz de comprender una niñería así.
Pero el recibir conocimiento nuevo no significa necesariamente que yo lo incorpore en mí mismo, en mi mente de todos los días; eso es de a poco, de acuerdo a mi capacidad de hacer trabajo interior (pequeños esfuerzos conscientes para ir superando de a poco al mono interior).
Hace pocos días sonó el teléfono y recibí, entre varias otras, la novedad de que había que liberar el curso 1. Y yo obedezco, casi siempre obedezco, dentro de mis limitaciones de orden primátidus.
Por eso no siempre incorporo lo que escribo, a veces ni siquiera lo entiendo, no desde esta mente común.
Pero cuando el telefonito mágico suena, me llega una tremenda «energía de lucidez», y comienzo a captar, a recibir, a entender, a comprender; y allí generalmente tomo un lápiz y un bloc, no escribo directamente en el equipo. Pero después paso eso al equipo y comienzo la labor de «traducir» eso de la mejor manera que pueda, cuidando la gramática, la sintaxis, dentro de mis limitaciones, para que la gente entienda mejor (dicen muchas veces que soy bueno para explicar cosas complejas con palabras simples); y por momentos vuelvo a sentir esa lucidez, que va y viene.
Y cuando esa energía se va, cuando dejo de trabajar en contenidos de Luz, ahí llega el bobo de EB, que es mi yo habitual, alguien que no siempre entiende lo que escribió, pero si le «resuena» por dentro lo deja escrito, y a veces viene a comprenderlo años después, como eso de «Cada cual vive en el Universo que es capaz de imaginar», que lo voy comprendiendo de a poco, y a veces en esos destellos de comprensión me pareciera que eso tiene muchísimos niveles de ser comprendido. En su nivel máximo lleva a los poderes de la Magia.
PERO YO NO HE LLEGADO ALLÍ.
Mi «otra mente» sí, pero eso es muy esporádico, siempre dentro del servicio; el resto del tiempo, EB.
Además no es parte de mi misión lucirme ante nadie haciendo Magia sino enseñar lo que me va llegando gracias al telefonito, ya sea en libros, ya sea ante alumnos, y punto; esas son mis órdenes, y en ello me paso la vida, y pasaré el restillo que queda.
¿Por qué escribe entonces lo que no practica?
¿Y qué le importa a usted lo que yo haga o no haga en mi vida privada? 🙂
¿Y con qué derecho se mete en lo que practico o no practico? >:-(
¿Y sabe usted REALMENTE lo que debo o no debo practicar en mi proyecto evolutivo privado, lo que debo o no debo hacer, lo que hago o no hago?
Es que si escribe lo que escribe debería estar a la altura de lo que escribe.
¿Cómo sabe usted que no lo estoy?
Porque según mi punto de vista…
¿Y quién le ha dicho a usted que su punto de vista es toda la verdad?
Mi punto de vista es el de la mayoría, y la mayoría no puede estar equivocada.
Eso me recordó a «¡ComaCaca, 5.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 millones de moscas no pueden estar equivocadas!».
Las mayorías siempre se equivocan, decía mi maestro, pero no nos salgamos del tema de mi condición de sucio pecador, y mensajero de algo superior al mismo tiempo, lo cual, obviamente que demuestra mi calidad de falso.
Lo he pensado, lo he pensado…
No, si eso se nota de lejos… Y ni siquiera sabe qué la impulsa a pensar así…
Y por otro lado, ¿así que un cartero que trae un mensaje del rey, debe transformarse en rey para entregarlo?…
¿O debe dejar de entregar el mensaje, ya que no está a la altura de un rey?
¿Debería yo dejar de escribir porque tengo defectos, como todo el mundo? (ninguno fuera de lo común, aclaro, beber sangre humana, asaltar transeúntes en la noche, pegarle a viejitas indefensas y cosas leves así solamente).
¿Me descalifica el hecho de que tenga sentido de humor?
¿De que me guste ver un importante partido de fútbol?
¿De que me haya divorciado?
¿Anula la Luz de mis libros el hecho de que yo no pueda mover montañas?
A propósito, usted habría condenado a Jesús porque habló de que con fe se puede mover montañas, PERO ÉL NO LAS MOVIÓ 🙂
«Predica pero no practica», diría usted.
Si el director del departamento de meteorología le pide a Juanito que alerte a la gente porque se avecina un huracán, ¿debería Juanito dejar de entregar el mensaje debido a que se considera muy inferior a quien le dio la orden de alertar a la gente?
Muy bobo sería.
Pero más bobo sería quien no se protegiese del huracán por exigir que sea el mismo director quien le dé la alerta…
Y a lo mejor se trataba de un «huracán de Luz» trayendo un paso dimensional escondido, sólo que para aprovecharlo, la gente tiene que enterarse de cierto conocimiento que cierto bobo que es mensajero al mismo tiempo debe pasar a la gente.
¿Debe o no debe entregar el mensaje a pesar de ser bobo?
Y el hecho de que el mensajero sea bobo, ¿descalifica al mensaje?
También aclaro que no es tan de bobos así la cosa por aquí; son «parábolas niu eich»…
Resumiendo, el objetivo de quien lee lo que escribo, y si es que le interesa capitalizar ese conocimiento, debe ser aprovecharlo para su crecimiento personal, y eso es algo individual, íntimo.
Y la vida de quien entrega la lección o el ejercicio a realizar no tiene nada que ver con con el objetivo de quien recibe esas orientaciones, que dicho sea de paso, son universales, pasan por personas pero no provienen de personas.
Justamente para ayudar a evitar confusiones en ese importante terreno, el crecimiento de la Luz en el alma, es que evito andar poniendo mi linda y joven cara por estas webs, para evitar desvíos espirituales, y el asedio de las jovencitas…
Y tampoco es necesario ser un gran maestro cósmico para entregar lecciones que son simplemente el abc en el camino del crecimiento personal; sólo que ante la distorsión mental de esta civilización, ni ese abecé es plenamente comprendido, y por eso justamente nos dedicamos a lo que nos dedicamos, porque es indispensable.
Bueno, seamos sinceros, sabemos muy bien que a través de material escrito se transmite también una energía, una vibración, algo que da Luz y fuerza interior.
¿La siente usted en este momento?…
Pero ella no viene de nosotros; pasa por nosotros y se derrama sobre algunos y no sobre otros, según designios y afinidades que no conocemos.
Enrique Barrios
