Cajón de Sastre

Dios Existe

Una de las cosas que más nos cuesta comprender es que DIOS EXISTE.
La mayoría de los creyentes del mundo no tendrán la menor duda acerca de esta afirmación, aunque no podemos saber cuantos de ellos estarán conscientes de lo que realmente queremos significar con la aseveración aparentemente obvia de que Dios existe.
Muchos entendidos en esoterismo y/o espiritualidad New Age también estarán de acuerdo, pero como éstos suelen barajar conceptos más elaborados que los creyentes a secas, tal vez podrían decir: «Bueno, eso es bien sabido, claro que Dios existe, porque Dios está en todas partes, dentro de mí, de ti, de todos; Dios es LA ENERGÍA, Dios es EL TODO».
Esta es la visión que, quien más, quien menos, compartimos y aceptamos en forma habitual muchos de quienes nos interesamos por estos temas.
Decimos «en forma habitual» queriendo significar que no siempre creemos exactamente lo mismo, que a veces tenemos experiencias, fugaces o no tanto, que modifican en todo o en parte aquella visión habitual nuestra, y a veces sentimos, por ejemplo, que Dios es algo mucho más personal, cercano y cariñoso que un abstracto «Todo»; pero normalmente solemos volver a nuestra normalidad y a nuestra forma habitual de comprender la existencia, y entonces Dios vuelve a ser para nosotros el Todo.

Toda visión, sistema de creencias o postura ante la vida, corresponde a un nivel de conciencia determinado.
Como todo vibra, todo nivel de conciencia corresponde a cierto estado vibratorio de la mente, del alma.
Lo que creemos es lo que hemos aceptado como real, esto determina la forma de vibrar de nuestra mente-alma, y esta forma de vibrar es la que CREA nuestra realidad cotidiana, porque el mundo que nos va tocando vivir lo vamos creando nosotros mismos desde nuestra mente-alma y de acuerdo a nuestras creencias (y necesidad de crecimiento interior).
No tenemos ni la menor idea acerca de cómo hacemos eso de generar la vida que nos toca vivir, además nos cuesta mucho creerlo, pero lo cierto es que lo hacemos, porque somos Magos dormidos, hijos de Dios, seres divinos, aunque inconscientes de serlo.
Utilizamos nuestro poder creador a cada instante, pero no sabemos cómo.
Somos prácticamente un proyector de cine ambulante, porque allí adonde vamos, allá vamos proyectándonos nuestro acontecer.
Pero en definitiva, la visión de la vida que tengamos determina la clase de vida que nos toca vivir, nosotros la vamos creando con nuestros poderes divinos, de acuerdo a nuestras creencias y necesidades transcendentes.
El mundo que nos toca vivir colectivamente es así porque creemos que así es y porque los demás también lo creen.
Si muchos creen en lo mismo, eso se realiza para quienes creen en eso.
Pero aparte de lo que creamos o no, hay una realidad concreta, hay Leyes Universales, hay fuerzas que no pueden ser desafiadas, y hay una lógica superior detrás de todo lo que sucede, que permite o niega que ciertas cosas sucedan.
Un Mago puede hacer milagros si va en favor del sentido superior del Universo, pero no puede hacer nada en contra de ese sentido superior.
Igual que un alfarero, que puede fabricar magníficos objetos de arcilla, pero no puede fabricar objetos de arcilla sin arcilla.
Todo nace del Amor, todo es Amor, a partir de Él se pueden construir muchas cosas que brindan más Amor.
Pero sin Amor no se puede construir nada que brinde más Amor.

Como nos movemos todos los días más o menos dentro de las mismas cosas, pensamos lo de siempre y nos sucede lo de siempre; es decir, estamos siempre en las frecuencias de siempre, tanto, que esas frecuencias habituales nuestras no nos parecen ni frecuencias ni nada, sino simplemente nuestro estado habitual, nuestra mente común, la única que tenemos.
Sin embargo, aunque no nos demos cuenta, nuestro estado mental habitual es una vibración de cierta frecuencia de nuestra mente-alma, y de acuerdo a esa vibración se crea nuestra realidad.
De pronto sucede que tenemos experiencias especiales, experiencias de amor intenso, o de cercanía de la muerte, o de contacto con algo superior.
Eso es otro estado vibratorio, corresponde a otro nivel de conciencia, no a aquel en el que nos movemos habitualmente. Allí se nos hace claro un sentido superior o más trascendente de ciertas cosas de la vida, pero cuando regresamos a nuestra realidad cotidiana, a nuestra mente común, nos parece que aquello que vivimos en esos momentos especiales fue todo una ilusión, una fantasía, o algo sin importancia al menos, y eso es un error.
La realidad que se nos muestra uno u otro estado vibratorio de la mente es verdadera, ambas son reales, pero la realidad de cada estado sólo puede palparse «desde dentro», viviéndola.
El paraíso de los amantes es algo que sólo los amantes conocen.
Normalmente aceptamos que Dios está en todo, que es la Energía, que el Universo es un Todo, que eso es Dios, y que nosotros somos minúsculos microbios dentro de Dios.
Muy bien, pero en «El Pergamino de Krato», en el libro «Ami Regresa», escribimos:
«… Amor no es un sentimiento sino un Ser. Amor es ALGUIEN…».
Allí quisimos expresar una idea diferente al concepto panteísta de que Dios lo es todo. Quisimos decir que Dios, sin entrar en consideraciones acerca de si es el Todo o no, es un Ser INDEPENDIENTE, aparte.

Nuevamente, alguien más o menos erudito en estas temáticas podría argumentar: «¿Pero cómo? ¿No era que Dios es el Todo? Según eso de que Dios es independiente, la Creación estaría dividida, separada de Dios, y ya sabemos bien que ‘El Todo es Uno’. ¿Cómo entonces Dios podría ser alguien independiente de nosotros y de su Creación?».
Respondemos preguntando que si Dios lo es Todo, nosotros incluidos, ¿a quién oramos cuando oramos?…

Si sólo el UNO existe, y nosotros somos parte de ese UNO, entonces no hay división entre Dios y nosotros, entonces rezar a Dios sería rezarnos a nosotros mismos, lo cual sería más bien incongruente, aparte de jactancioso.
¿Y por qué entonces el alma siente la necesidad de orar?
La Biblia dice que fuimos hechos «a su imagen y semejanza», y si nosotros somos «alguien», entonces Dios también es «ALGUIEN», infinitamente más grande que nosotros, seguro, pero ALGUIEN, un Ser INDEPENDIENTE, aunque íntimamente relacionado con nosotros.
Dios está en nosotros y somos Uno con Él, es cierto, pero ¡ojo! porque esto lo podemos tomar de dos maneras muy diferentes, opuestas más bien.
Una:
«Como Dios está en mí y en cierta forma yo soy Dios, entonces hago lo que se me de la gana. No tengo nada que agradecerle a nadie, porque fuera de mí no hay nadie más. Tampoco tengo por qué sentir lástima por nadie, porque ésos, un poco no existen, porque yo los inventé, y también los puedo borrar del mapa o lo que yo quiera, porque para eso yo soy Dios»…
Eso es el mono tití llamado ego que tenemos por dentro, o más bien por más afuerita, que se subió al monumento de su arrogancia debido a que escuchó sonar una campana y no comprendió nada, le pareció entender algo así como que un mono tití es Dios, y se lo creyó. Pobre de él.
Dos:
«El personaje que yo soy en el mundo, con un nombre y un apellido, ese no existe más, porque me he fundido con Dios, fluyo con la Voluntad del que hace girar al Universo, soy una expresión suya… no, no soy una expresión suya, mi cuerpo sí, pero mi Conciencia se ha ampliado y Yo soy Dios».
Eso ya es muy otra cosa. El primero se auto engrandece, y por eso mismo se disminuye, se rebaja, se degrada.
El segundo se anula, se borra, gracias a ello se engrandece en la medida de su auto anulación, porque en esa medida desaparece el pequeño personaje cotidiano y aparece Dios en él.

Dios es el Todo, pero al mismo tiempo, y si le place, puede estar aparte de su Creación. Él lo puede todo, ¿no?
Sin embargo, hay algo que Dios no puede, o más bien, hay algo que Dios no tiene.
«Dios lo tiene todo porque es el Todo», diría el panteísta, y con algo de razón.
Pero las más elevadas verdades son muy paradojales, y por ese mismo camino va la física teórica:
Una:
Dios, debido a su misma grandeza, es tan humilde que no se deja ver.
Otras:
Bienaventurados los pobres… Rameras y ladrones serán primero en el Reino de los Cielos…
Otra:
Dios el es Todo y al mismo tiempo no lo es.
Cuando Dios es el Todo, no es independiente y lo tiene todo, pero sabemos que esa forma de ver las cosas es muy aburrida para Dios… ya veremos por qué.
Cuando Dios no es el Todo, es independiente, es ALGUIEN, una PERSONA, un Ser, y allí hay algo que no tiene.
¿Qué es lo que Dios no tiene?
Tu amor.
No lo tiene mientras tú no se lo entregues.

«Pero Dios sí que tiene mi amor porque yo amo al Todo, yo vivo en amor».
Ah, si eso es así, perfecto, o no tan perfecto, porque no puedes conversar con el Todo.

Estar en el Todo debe ser muy bonito, pero por otro lado tiene algo del sabor de la soledad. Allí está todo, pero en realidad no hay nadie, ninguna persona en particular, como cuando estás en pleno centro de una ciudad desconocida rodeado por multitudes, pero tú no conoces a nadie.
Pareciera faltar algo en una comunión con el Todo, porque el alma humana tiene pequeños rincones que también son sagrados, pequeños santuarios para esos mínimos cariños particulares que nos reconfortan el corazón, cariños tal vez no tan majestuosos como amar al TODO, pero a veces resultan más tibios al alma, como cuando tu perro, no teniendo otra forma de expresarte su cariño, te lame la cara; como cuando estás en ese momento de confidencias con ese amigo; como cuando estás con ese ser amado, o en ese rincón tan particular, tan lleno de significado para ti.
Tal vez amemos al Todo, pero cuando amamos al Todo… no sé si estamos amando a Dios.
Porque el Todo no es ALGUIEN.
Muchos piensan que Dios es una invención humana, y si eso es así, la realidad sería o que no hay Dios o que Dios podría ser cualquier cosa, incluso el Todo, incluso nada.
Dios hizo que en la larga escalera hacia el nivel de conciencia que nos lleva de regreso al Amor de Dios, en algunas etapas pasemos por el escepticismo o por el exceso de racionalismo, y nos perdamos (por un tiempo, o por algunas vidas enteras) LA PRESENCIA, EL AMOR VIVO DE LA PERSONA DE DIOS HACIA NOSOTROS.

Volvamos al principio: Dios existe.
Queríamos decir eso, que, con el Todo o sin el Todo incluido, Dios ES UNA PERSONA, alguien aparte de nosotros.
Al interior nuestro tenemos una especie de «teléfono» a través del cual podemos comunicarnos en forma REAL con Él, me refiero al corazón, me refiero al amor.
Y es justamente ese «llamado», ese acto voluntario y consciente de amor hacia Dios, el que estaba esperando Dios para decirte «Hola, hijo, aquí estoy. Me alegra mucho tu llamado. Me tenías muy abandonado, ¿no? Lástima que me llames sólo cuando estás en problemas»…

Como normalmente vivimos en nuestra mente habitual, en esa frecuencia mental-álmica rutinaria, allí pensamos que Dios anda mucho más lejos que las nubes, en el inalcanzable Todo tal vez, y eso es lo que creamos para nosotros con esa baja frecuencia.
Si queremos conocer una realidad más elevada acerca de Dios y lograr una comunicación directa, real, con Él, debemos necesariamente elevar nuestra frecuencia vibratoria.
Para elevar nuestra frecuencia vibratoria hasta el nivel necesario para que Dios escuche nuestro «llamado» debemos amar a Dios, ojalá como recomienda la Biblia: «Y amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas» (Deuteronomio 6:5) (y también así debería abordarse un gran amor humano, con entrega total, o sino jamás será un gran amor).
Entonces nuestra mente no será la de siempre, y nuestra frecuencia tampoco, porque estará vibrando tan elevadamente como seamos capaces de amar a Dios, y en esa misma medida Él nos entregará su presencia.
La oración, el amor a Dios, es una forma de acercarse a Dios en su aspecto personal, y quien llegue allí verá que DIOS EXISTE.
La meditación nos puede hacer fundirnos con el Todo, pero allí el asunto es muchísimo menos íntimo y personal, es más bien totalmente impersonal, ninguna persona.
A Dios le podemos pedir favores «muy especiales».
Al Todo no, aunque podemos ensayar de «ser» el Todo, y entonces simplemente ordenar que lo que necesitamos nos llegue, como el Mago, pero cuidemos de intentarlo desde un amor muy elevado, o sino podríamos andar por la vida como el mono tití.

Enrique Barrios
Islas Canarias, 7 de Mayo 2003