Biografía de Enrique Barrios (EB)

ACLARACIÓN: La biografía que leerá a continuación es un compendio de varias versiones de biografía que Enrique Barrios publicó en su extinta página web oficial www.ebarrios.com. He modificado/añadido lo mínimo imprescindible. 

 

Biografía de Enrique Barrios

Escritor y viajero nacido en Santiago de Chile en 1945. Hijo de médico ítalo colombiano y madre chilena. Tuvo además un padrastro venezolano durante cortos años, ya que falleció tempranamente, de quien lleva el apellido.
Pasó su infancia en Venezuela; pero a partir de los once años de edad es Chile su lugar de residencia, aunque regresó muchas veces al país caribeño para permanecer allí por períodos de años a veces.

Desde su infancia asoma el buscador de respuestas filosóficas que hay en él: ¿Para qué es la vida? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?

Le preguntaba a su abuela. Ella decía cosas acerca del amor, pero él estaba en la búsqueda de algo mucho más serio (eso creía él). Una señora «tan romántica e inocente como mi abuela no entiende nada»… así que el niño no le prestaba demasiada atención.

A eso de los cinco o seis años de edad (1950) se recuerda pensando en si en la vida habrá libre albedrío o determinismo, aunque sin conocer esos términos (si el destino está previamente «escrito» o si tenemos libertad).

Allí concibe la idea de los «ramales del tren» que se abren hacia «futuros posibles» a cada instante, y que desarrolla en su futuro libro «El Maravilloso Universo de la Magia!» (1988); ideas que no se contradicen con las nuevas teorías de la física cuántica acerca de las millones de dimensiones posibles, existiendo todas juntas al mismo tiempo…

A los trece años de edad se inscribe como postulante a sacerdote en su colegio católico, pero muy pronto se decepciona, sobre todo porque una pregunta comienza a rondarle: ¿Por qué existen tantas religiones, diciendo todas ellas ser las poseedoras de la única verdad posible?

Y llega a la conclusión de que: «Ellas tienen sólo partes de la verdad, verdades a medias, pero la «Gran Verdad»… Y a partir de allí se orienta hacia la búsqueda de una filosofía universalmente válida, a lo que él llama su búsqueda de la Verdad; no de «una» verdad sino de «LA» Verdad, algo indiscutible. Y comunica a sus amistades que le interesa encontrar el punto que une a todas las religiones, aquello que es común en todas ellas. Y eso irá haciendo con el tiempo: estudiar religiones del mundo, mística aborigen, filosofías espirituales, etc., y también filosofía tradicional y psicología.

A medida que crece va entendiendo que a pesar de sentirse muy motivado por conocer los misterios transcendentes de la existencia, no se inclina a creer incondicionalmente en todo lo que se le diga, por más que muchos lo den por sentado. Detrás de su alma que busca absolutos existe la necesidad imperiosa de ceñirse a cierta lógica o coherencia. «Ni dudar de todo ni tragarse todo», ese era su lema.

Como el destino le marca para ser viajero desde su infancia, desde muy niño y muchas veces experimentó el regocijo de llegar a países diferentes en un barco de pasajeros, que en esos tiempos se usaba más que el avión.

Recuerda con especial afecto a aquellos niños que se acercaban en rústicas canoas al paso del trasatlántico con rumbo hacia la entrada del puerto de Guayaquil, Ecuador. Voceaban pidiendo monedas, y los pasajeros se las lanzaban. Doradas, plateadas o rojizas, surcaban el aire girando y reluciendo alegres al sol tropical, y caían al mar. Los muchachos se zambullían y en unos instantes salían con ellas entre sus felices y morenas manos. Y aquellos hombres que luego se subían al barco -estibadores y comerciantes ocasionales- a quienes él podía cambiar algo tan ordinario y sin valor como las aburridas manzanas acumuladas de varios postres en el comedor del barco, por valiosísimos juguetes de madera de balsa hechos por manos indígenas, barcos que flotaban, avioncitos que volaban… ¡DE VER-DAD!…

Como varias veces había hecho el trayecto, comenzaba a acumular manzanas desde La Guaira o desde Valparaíso, esperando con ansia el ingreso a Guayaquil. Y qué fabuloso le resultaba cruzar el Canal de Panamá, esas esclusas que mágicamente subían o bajaban de nivel a todo el barco, y visitar esas ciudades llenas de hombres negros que hablaban en inglés, y qué increíble le resultaba llegar a la antillana y holandesa isla de Curaçao, frente a Venezuela. «El barco pasaba por una avenida de agua (así pensaba aquel niño) en pleno centro de la ciudad. ¡Podías ver las cámaras fotográficas y los equipos electrónicos en las vidrieras de las tiendas desde la cubierta del barco al pasar, y cuando descendías del buque podías cruzar el canal en unas lanchas de pasajeros ¡gra-tui-tas!… Y los pobladores de Willemstadt, la capital de Curaçao, negrísimos casi todos, tenían aspecto de doctores. Parecían ser la gente más culta del mundo, porque hablaban ¡cinco idiomas! Y aquel mercado libre constituido por barcas venezolanas amarradas al muelle en una larga hilera, rebosantes de mangos, yuca, guanábanas, parchitas, guayabas, jojotos, vainitas, batatas, perejil, albahaca y cilantro. ¡Un paraíso de aromas y colores!».

Con ese tipo de vivencias infantiles y un millón más asociadas a los viajes, de mayor, igual que de niño, su mayor alegría se la brindará el recorrer los caminos del mundo; y su mayor curiosidad se centrará en los viajes del espíritu, en la búsqueda de la sabiduría milenaria, los poderes, los misterios, los grandes místicos, la Verdad, la Iluminación, el Nirvana y el Tao.

Desde muy joven comienza a irse lejos, tantas veces con una mochila a la espalda y sin mucho dinero, trabajando en lo que pueda para sobrevivir; otras veces, y ya mayor, yendo a radicarse por meses o años en otros países, para así poder conocer de cerca a sus hermanos de otros pueblos, no con la fugaz mirada del turista, sino con la de quien convive con ellos y participa de sus costumbres por un tiempo más largo, lo cual le permitirá tener una visión más amplia del ser humano y del mundo.

Pero jamás dejará de recorrer también los caminos del espíritu, para encontrar si fuera posible una verdad -no una creencia- indiscutible, absoluta, de valor universal. Por eso a lo largo de su vida siempre estará estudiando filosofía, religiones y otros sistemas espirituales -aparte de idiomas, para comunicarse con mayor facilidad con sus hermanos de otras latitudes-.

Es un buscador y un viajero, pero también un hombre de este mundo, una mente curiosa, por ello gusta también de la literatura formal y de estar al día con respecto a la cultura de su tiempo. «La mirada en lo alto, pero los pies en la tierra».

Comienza sus estudios en 1964, a los dieciocho años de edad, en Caracas, cuando encuentra a un hombre profundamente místico, pero de un misticismo diferente, muy poco dulzón, dentro de una línea pedagógica que no forma escuelas públicas y que funciona en una privacidad muy estricta, que le habla acerca del estado de sueño de la humanidad, acerca de la inconsciencia de las masas, de su «mecanicidad». Allí se manejan milenarias y sencillas técnicas orientadas al despertar de la conciencia, éstas se transmiten sólo de maestro a discípulo y no aparecen en libro alguno.

Como estas ideas coinciden con observaciones que él mismo había hecho, desea saber más, y aquel hombre se convierte en su instructor (previo pago de una cuota mensual que no era barata, de acuerdo con la milenaria Tradición origen de tales ideas), y lo será a lo largo de veinte años, aunque con lagunas de años muchas veces, debido a los constantes viajes del futuro escritor.

«El pensamiento mecánico no es más que cadenas de asociaciones casuales», le comentaba el instructor; cosa que él joven había ya observado en sí mismo, que nuestro pensamiento raramente es dirigido conscientemente por nosotros mismos, que una imagen nos evoca un recuerdo, que trae un pensamiento, que un aroma que flota nos hace olvidar, para traernos la evocación de alguna otra situación del pasado, etc., etc., etc. Y siempre vamos olvidando lo que estábamos pensando antes.

«¡Y todo ello se sucede tan rápido en nuestra mente, que no nos damos ni cuenta!».

«¡Y a esa falta de consciencia le llamamos pomposamente ‘estar conscientes’!»…

Le consta que se trata de verdades inobjetables, y eso mismo le hace comprender que su búsqueda de la verdad seguramente ha de requerir de un estado de lucidez, de concentración, de consciencia fuera de lo común para dar buenos frutos, fuera de esa cadena de asociaciones inconscientes, fuera del «pensamiento mecánico», y decide en primer lugar tratar de convertirse en una persona más lúcida, más consciente, y como su Instructor tiene una andanada de ejercicios y prácticas destinadas a elevar el nivel de consciencia, a esas prácticas se dedica, aunque no con la entrega de un místico porque también le interesa conocer mejor el mundo, otras idiosincrasias, otros idiomas, para poder comunicarse mejor con personas de otros pueblos. Y por otro lado es un joven normal, con las inquietudes de su generación y de su edad, las que también atraen su atención, su tiempo y su energía.

Pero el joven discípulo es movedizo, le cuesta permanecer mucho tiempo en el mismo lugar, así que las lecciones deberán esperar hasta cada retorno suyo a Caracas. Pero así y todo sus permanencias junto al Maestro son a veces de varios años seguidos. Incluso emprenden juntos, más otro buscador, un «viaje iniciático» Venezuela-Chile a finales de 1964, por tierra y con escasísimo dinero, como una prueba o ejercicio espiritual para adquirir temple y activar recursos dormidos ante la adversidad, recursos que en la rutina no se activan jamás.

A esas alturas ya era considerado un despistado por su alarmada familia.

Ingresa a estudiar medicina en 1971, pero abandona los estudios al descubrir que se siente más motivado a mejorar almas que cuerpos.

Hace una incursión en Antropología, pero siente que lo que más le interesa del hombre es su dimensión mística, y que de esto poco se ve en la universidad.

Desempeña varios oficios sin mucho entusiasmo, porque su real interés está en lo que él llamaba «la búsqueda de la Verdad». Estudia medicina, tal vez por emular a su cirujano padre, pero pronto se desanima. 

El doctor le dice «olvídese de mí, Ud. no será nunca bueno para nada».

Descubre que no es el cuerpo lo que le gustaría ayudar a sanar, sino el alma, y mientras no encuentre cómo hacerlo, se quedará como artesano artístico en diversos materiales. Tiene talento; no le va mal, y así obtiene la libertad que le permite continuar en su búsqueda interior y en sus viajes, en los que intenta practicar -internamente- los ejercicios psicológicos que su maestro le ha enseñado.

Aparte de Venezuela y Chile, sus dos hogares, reside por períodos de meses o años en Brasil, Ecuador, Perú, USA, Francia, Argentina, Australia y España, y visita además multitud de países en los cinco continentes. Ha dado una vuelta completa al mundo en sentido oeste-este.

Debido al hecho de dejar de lado la Enseñanza durante prolongadas lagunas de tiempo, sólo veinte años después obtiene algo concreto, justamente lo que andaba buscando. Pero considera que si se hubiese dedicado sólo a la Enseñanza, sin moverse de Caracas, tal vez en un par de años hubiese llegado a lo mismo.

En la madrugada del 19 de septiembre de 1984, en Chile, se ve ante la muerte inevitable en un asalto en despoblado, muerte que sin embargo -inexplicablemente- no se produce, porque los asaltantes, cuchillo en mano, de pronto salen huyendo y se pierden en la noche. Pero él, boca arriba en el suelo, ya se había despedido de la vida, y súbitamente se ve vivo e ileso…

Pocos días después, el 27, en un bosque junto al mar, en una luminosa mañana de primavera y en un lugar cercano al del asalto, tiene una experiencia espiritual que marca el comienzo de su labor como escritor. Tal vez a su duro ego le faltaba la proximidad del más allá -un trance de muerte- para llegar a una compresión superior de la existencia, porque nada nos puede hacer recordar mejor la transitoriedad de todo que el vernos de pronto, inesperadamente, ante el momento de tener que decir adiós a todas las ilusiones. ¿Qué queda entonces? Sólo lo que es Real, y ahí, por encima de todo lo demás, se encuentran los afectos.

Así obtiene por fin la claridad que buscaba desde niño. Vislumbra algo que ante su sensibilidad e inteligencia constituye La Suprema Realidad del Universo, un concepto o vivencia, o ambas cosas juntas, que acaba de experimentar en una suerte de expansión de consciencia, y que será la base y el fundamento de toda su futura obra literaria: el Amor, el Amor como Fuerza Universal, como Divinidad, como Dios mismo, de allí su frase: «El Amor no es manifestación de Dios, sino la Presencia de Dios».

Ese es para él el elemento universal y absoluto que buscaba, que no es una creencia sino una realidad que todos podemos percibir y vivenciar, porque todos podemos experimentar amor. Eso es aquello que subyace tras toda religión, porque detrás de todas ellas, más allá de lo cambiante y transitorio, de origen humano, resplandece el Espíritu de Dios: el Amor. Por eso todas las religiones nos impulsa a seguir los Mandamientos del Amor.

Pero esa comprensión es sólo el punto de partida hacia toda una filosofía espiritual que, como si fuese un libro que se va desplegando poco a poco ante sí, va adquiriendo forma y sentido en su mente.

Después de esa experiencia comprende que de allí en adelante deberá dedicarse a ayudar a difundir en forma escrita lo que ha recibido. Esa es su misión. Considera que si se le dio tiempo extra de vida, no fue para otro propósito.

Sabe que tendrá que intentar llegar a la multitud mediante libros que aún no ha escrito, y le parece como si el Cielo le dijera que será ayudado en ese propósito, y así resulta suceder.

Es ahí cuando EB deja de sentirse discípulo de su ex Maestro, quien no le enseñó nada acerca de Amor, pero sí preparó su conciencia para la llegada de esa comprensión, y ahora puede caminar solo. También es ahí cuando comprende lo que quería decirle su abuela cuando él era un niño, por ello más tarde intentará representarla en sus libros mediante la abuela de un personaje suyo, Pedrito.

A los 39 años de edad, 1984-85 escribe su primera obra: «Mensaje Acuariano» (El Libro de Dios Amor), allí aparece en forma de prosa poética una sencilla filosofía espiritual que no está destinada a la formación de iglesias sino a intentar producir pequeños o grandes cambios de enfoque hacia la existencia, llevándonos a considerar la vida desde una perspectiva más universal, más colectiva, global y planetaria, pero fundamentada no en el dinero sino en la Fuerza Amor.

Nos sugiere tener un pedacito de corazón puesto en Gaia (la Madre Tierra) y en el futuro de toda la humanidad, no sólo en el de nuestro país, y nos incita a cooperar en acciones concretas, grandes o pequeñas, para ayudar a crear un mundo mejor. Debido a ello, esta filosofía espiritual no propugna algo tan extremo como la santidad, porque no hace falta para que el mundo cambie positivamente, porque basta con una conducta exenta de canallada en la vida privada y pública, en los negocios, en la política y en las finanzas internacionales.

Huelga decir entonces que la filosofía espiritual del «Mensaje Acuariano» no está orientada a producir acróbatas o fakires de la espiritualidad, la renuncia, la mortificación y los poderes psicológicos -EB no tiene nada de ello-, sino a intentar sensibilizar un poco al ser humano del planeta Tierra para que sea más solidario y más humano, y así poco a poco el mundo vaya cambiando y merezca un futuro, cosa que por ahora es bastante incierta.

Cuando el texto está redactado, EB no busca editor. No lo hace porque comprende que ese no sería el camino apropiado para lograr una buena difusión de lo que ha recibido, no todavía, porque un libro de características tan filosóficas y místicas no sería la forma más adecuada de llegar a la multitud, la que por lo general es atraída por cosas mucho menos «sacras», y llega a preguntarse si no será una «telenovela mística» lo que debería escribir, algo capaz de conseguir la misma atención que se le presta a un partido de fútbol importante.

Casi un año después el Cielo coopera. En agosto de 1985, concretamente el 17, aparece en el cielo de la región central de Chile una extraña luz que permanece varias horas allí detenida hasta que de pronto se esfuma.

Toda la prensa consignó el hecho, pero nunca se entregó una explicación satisfactoria. Es a raíz de ese avistamiento que EB obtiene la inspiración para «Ami, el Niño de las Estrellas», obra que tiene todo el sustrato de la filosofía del «Mensaje Acuariano», pero además presenta viajes espaciales y aventuras diversas. Tardó sólo ocho días en escribir el libro.

Cuando el manuscrito de su segunda obra está listo, esta vez como por arte de magia aparece el dueño de una pequeña imprenta, quien decide arriesgarse a imprimir «fiado» el libro, transformando a EB en «editor a crédito», porque no tenía dinero para financiar la edición de dos mil ejemplares.

Ami ve la luz en marzo de 1986 en Chile y logra éxito inmediato. Las reimpresiones se multiplican (y así pudo pagarle al dueño de la imprenta)…

Pronto recibe el respaldo de los Ministerios de Educación de varios países y de autoridades de distintas corrientes espirituales, inclusive la Bendición del Papa Juan Pablo II en 1987, repetida en 1998 por Ami 3 (Civilizaciones Internas).

El año 87 escribe «Ami Regresa» y «Ami y Perlita». 1988 es el turno de «El Maravilloso Universo de la Magia», libro que para muchos es su obra más importante.

A fines de 1988 se traslada a Buenos Aires, Argentina, en donde permanece durante doce años. Allí escribe «Cuentos de Amor, estrellas y almas gemelas» (1991), «Maravilla» (1992), Ami 3 (1997-98), «Carta de Dios para ti» (1998) «Dios para locos bajitos» (1998), «El Color de las Aguas» (1999), «Proyecto Elevación» (2000) y varias más que sólo necesitan una revisión final de parte del autor.

El año 1997 EB ingresa en Internet. Ese mismo año comienza a enseñar en la web a través de su «Academia Ami», la que va teniendo varias transformaciones con el tiempo, hasta convertirse en el año 2007 en el Instituto Ami-Ophir. EB considera al Instituto como una forma de continuación y profundización, de puesta en práctica, de los contenidos que sus libros sugieren.

A partir del año 2000 se radica en España. Desde fines del año 2006 estuvo en Brasil. Desde fines del 2011 vive en Chile, pero pasa en Brasil los inviernos por motivos de salud, retirado de actividades públicas. En los últimos años se instaló en las Islas Canarias, donde continuó escribiendo y dedicándose a sus asuntos, y donde falleció a finales de octubre de 2024 (*).


Apuntes varios: 

(Transcripciones literales de la extinta web www.ebarrios.com)

De EB se han editado doce obras en castellano, siendo «Ami, el niño de las estrellas» la de mayor difusión a nivel internacional hasta el momento, superando largamente el millón de ejemplares vendidos, habiendo sido editada en otros diez idiomas.

La obra de Enrique Barrios tiene la rara virtud de haber sido respaldada desde dos terrenos normalmente distanciados u opuestos entre sí, el académico y el espiritual.

Desde el primero, declaración de Material Didáctico de los libros de “Ami” por el Ministerio de Educación de Chile, entre otros reconocimientos de diferentes organismos educacionales de varios países.

Premio de APA, Asociación Psicoanalítica Argentina.

Desde el segundo, dos bendiciones del Papa Juan Pablo II, a pesar de que el “Niño” de las Estrellas presenta una filosofía espiritual sin dogmas, fundamentada simplemente en el Amor, coincidente con su propuesta de crear la “Civilización del Amor”, revelando con ello el fallecido Papa una grandeza de alma fuera de lo común en tales entornos, en los que el dogma suele tener mucho más peso que la práctica del Amor.

Aunque las obras de EB se suelan asociar a la corriente New Age, el autor no se siente vinculado a ésta, sobre todo porque no hay parámetros intelectuales ni espirituales claros y definidos que nos permitan comprender en qué consiste la Nueva Era o New Age.

Enrique Barrios escribe acerca de espiritualidad, a secas, procurando siempre no vincularse a corrientes establecidas y elevar la mira hacia una posición lo más universalista y atemporal posible.

Sus obras no corresponden a modas o tendencias coyunturales o transitorias. Su Motivación y Raíz están en el Amor, como fuerza universal, en lo Eterno, y ello no podrá pasar de moda jamás. Un arte que se nutra de esa Fuente, siempre iluminará el alma, siempre estará vigente, siempre nos hará crecer interiormente, lo cual es la esperanza primordial del autor.

Enrique Barrios no tiene Facebook ni Twitter; no está en ninguna red social.

Si existiese alguna agrupación fundamentada en alguno de los conceptos que derivan de sus libros, él tampoco ha respaldado nunca a nadie para crear una agrupación de ese tipo.

Religión del autor: Espiritualidad independiente. No tiene vínculos especiales con secta, grupo o tendencia religiosa organizada alguna. Tampoco tiene él mismo nada en ese sentido.

 

Preguntas personales, año 2009

Pregunta: ¿Ami es realidad o fantasía?

Respuesta: Elementos de ambas cosas coexisten allí. Obviamente que un encuentro con un “extraterrestre” y un viaje en “ovni” son fantasía. Pero existen viajes, encuentros y fuentes de sabiduría de una materialidad diferente, y más trascendentes todavía.

Pregunta: ¿En qué playa; en qué lugar del mundo se encuentra la roca con el grabado del corazón alado?

Respuesta: No del mundo sino del universo, del universo personal de cada cual. Cuando el corazón está endurecido, como el de Pedrito, alejado de la sabiduría de lo que es natural, guiado meramente por las duras costumbres y juicios de su tiempo, de su generación, ese corazón es una verdadera roca.

Luego del encuentro con una elevada clase de Amor, queda allí una marca indeleble, producto de haber vislumbrado la realidad desde una perspectiva superior, menos “terrícola”, más universal, menos cruel y egoísta.

Quienes no tienen esa “roca” en sus pechos sino un corazón sano, esos no necesitan un encuentro con Ami; ellos “son” Ami.

Quienes la tienen, digamos que casi todos por estas oscuras y alejadas latitudes galácticas, para encontrarse con Ami no deben buscar afuera, sino trabajar sobre esa dureza del corazón.

Pregunta: ¿Qué hay que hacer para encontrar el alma gemela?

Respuesta: Eso tiene que ver con el cuento del patito feo, que por haber sido criado por patos no sabía que era un cisne. Lo que ese cuento no relata, y su autor me encargó a mí ocuparme de eso…, es que el cisnito aquel, entre otras cosas buscaba a su alma gemela, y andaba detrás de las patitas y éstas lo rechazaban por grandullón y “feo”.

Pregunta: Ok, pero…, ¿Cómo encuentro a mi alma gemela?

Respuesta: Encuéntrese usted primero, que mientras crea ser un pato andará buscando “patas“.

Pregunta: ¿Escribe desde niño?

Respuesta: No, desde viejón ya, 39 exactos. Todo lo mío llega tarde, pero llega. A los 59 «ella», seguro que a los 79 viene algo bueno, y a los 99 también. Es bonito este oficio de vivir. Y si hay que irse de aquí, ¿cuál es el problema de conocer nuevos horizontes? Bueno, así lo veo yo, no sé usted.

Pregunta: Mmmm… ¿y si no hay nada, ni otra vida ni nada?

Respuesta: En ese caso jamás nos enteraremos de que no había nada, así que ¿cuál es el problema? No habrá nadie allí para lamentar que no había nada. Digo yo…

Pregunta: Si hubo un contacto interior en la historia de Ami, una «musa», y no necesariamente un niño de otro mundo, ¿por qué escogió a un niño extraterrestre?

Respuesta: Yo no «escogí» nada, más bien «eso» me escogió a mí, me sucedió, me llegó el paquete de información en un email con un archivo .zip (RayoAmi.zip), y al abrirlo, al descomprimirlo con el Winzip… Dios Amor, Ami, La Magia, etc. Pero yo no hice download voluntariamente; el email llegó de repente. Claro que en 1984-85 no existían los emails. Sería un fax entonces, un telegrama, qué se yo…

Pregunta: ¿Cree usted seriamente que el mundo tiene remedio?

Respuesta: ¿Por qué lo pregunta?

Pregunta: Porque yo veo que el mal no hace más que aumentar, las películas son cada vez más sangrientas y crueles, y en la vida real también van aumentando los asesinos en serie, y ahora descubrieron que hay matrimonios que se dedican a matar sólo por gusto, y aumentan los grupos violentos, racistas, separatistas, y la delincuencia, y la droga, y el terrorismo religioso, y crecen las religiones violentas y fanáticas, y el clima, y la economía… ¿Le parece a usted que vamos progresando?

Respuesta: En ese sentido retrocedemos, pero en otra dirección avanzamos, hay cada vez más personas interesadas en su crecimiento personal o interior, en la ecología, en la vida natural, en la paz; sólo que hacen menos ruido… Pero justamente porque existen todos esos males es que más que nunca debemos trabajar en el sentido opuesto. Hay que ser muy bobo para ver que las cucarachas invaden nuestro hogar y uno no hacer nada. Las cucarachas son la ignorancia, y el insecticida es la educación. No existe otro, o ya estaría yo en eso, porque no me gustan las cucarachas, hacen daño, traen enfermedad e infección, sufrimiento; que se vayan a sus cloacas, a mi casa no. Sólo que no se trata de la clase de educación que enseña las fechas de las guerras, sino educación del alma.

Pregunta: ¿Cree en los ovnis?

Respuesta: Creo en Dios, no en los ovnis. Pero además tengo buenas razones para creer que todo lo que dice Ami al respecto de la vida universal es verdad; no en la forma tal vez, pero sí en el fondo. Por eso cuando aparece gente diciendo por ahí que en tal fecha se van a presentar abiertamente los ET’s, yo me río. ¿Por qué? Porque en Ami dice que eso no puede suceder mientras no se cumplan ciertas condiciones que aquí falta mucho para que se cumplan; mundo unido para comenzar. Y con lo bárbaros que todavía somos… Es que tenemos un ego tan grande que no nos permite ver lo que de verdad somos, por eso a veces tenemos delirios de grandeza desmedidos, como ese, y otros parecidos a nivel personal. Creo que teniendo un mínimo de sentido común, ni siquiera hacen falta los mensajes extraterrestres, porque hay cosas que son obvias, solo que no queremos verlas.

Pregunta: ¿Le gusta el fútbol?

Respuesta: Cada día menos, eso es puro negocio, el que tiene más dinero contrata los mejores jugadores. Así no tiene gracia. Pero igual me gusta ver buenas jugadas, aunque ya perdí cualquier camiseta. El día que juguemos contra los marcianos a lo mejor me entusiasmo y aliento al equipo de mi planeta y abucheo al otro: ¡Marcianos podridoooos! ¡Árbitro ladrón! ¡Tierra tierra tie ra ra! Y con eso los dejamos muertos a los enanos verdes. Lindo el fútbol, fomenta la paz y los lazos de hermandad…

Pregunta: Seguiremos preguntando más adelante.

Respuesta: Y entonces seguiremos respondiendo.