Cajón de Sastre
Acerca de Dios Amor (2)
¿En qué consiste esa Deformación?
Primero veamos que el mito o alegoría de Adán y Eva no es una historia infantil, por un lado, ni debe ser tomada al pie de la letra, por el otro extremo. Porque ni es una bobada sin sentido, ni Adán y Eva son personajes reales.
Ese prehistórico relato es una representación simbólica de nuestra humanidad en tiempos muy remotos, y desde ese punto de vista nos sorprende por su claridad y capacidad de síntesis, ya que en unas pocas líneas de texto nos pinta de manera asombrosamente clara la causa de nuestra extraña enfermedad («haber comido del fruto prohibido» o «Pecado Original») y también sus consecuencias («la caída del Paraíso»), incluso con la descripción de algunos de sus males derivados, expresada en un lenguaje simbólico, aunque claro (pero su análisis requiere de un espacio de mayor profundización que estas páginas públicas).
¿Qué inteligencia fue capaz de ver y expresar de manera tan genial algo tan profundo?…
¡Y tan tempranamente en la historia!
¿Qué «conocimiento instintivo», inconsciente, ese texto nos remece, y con tanta fuerza interior, que constituye el fundamento de tres importantísimas religiones?
Pero volvamos al principio: ¿En qué consiste esa deformación?
Para tener algunas pistas, regresemos a Génesis 3, allí se dice que «la serpiente» (entidad perteneciente a un nivel de existencia inferior, entidad negativa) tentó a Adán y Eva con una mentira: «seréis como dioses».
¿Qué es una mentira?
En la vida hay dos cosas: verdad y mentira, no hay más. O es, o no es.
La luz se desplaza a 300.000 Km. por segundo, eso es verdad, y si alguien dice que se desplaza a 500.000 Km. por segundo, eso es mentira, y no hay más.
Para algunos de nosotros, que no creemos en un Dios lleno de ego y crueldad sino en un Dios de Amor, el Universo existe y fluye con una Intención o Propósito inteligente, bueno y preciso.
Esa Intención se refleja en la naturaleza, que es expresión visible del Amor, por eso nos nace admirarla y cuidarla, y aprender de ella, porque fluye de acuerdo con el fluir del Amor.
Todo aquello que fluya en esa dirección, fluye en armonía con la naturaleza, con la Verdad, con el Amor, que es el Propósito, el Sentido Superior del Universo y de la vida.
Consecuentemente, todo aquello que fluya en sentido contrario a la Intención o Propósito que dio origen a todo, va al revés de lo que debería ir, y cualquier motivación para justificar tal movimiento involutivo vendría a ser una mentira.
Cuando Dios deja de ser una incógnita terrible y se nos transforma en la Fuerza Universal Amor, o Dios Amor, se nos vuelve extremadamente fácil distinguir entre verdad y mentira, porque Amor es la medida, la vara de medir de todas las cosas.
A partir de allí todo es más fácil: ¿Usted va a ir a dañar a tal gente por tales y cuales motivos? Entonces permítame decirle que usted está motivado por mentiras, porque si estuviese motivado por la verdad, que es Amor, usted trataría de ayudar a esa gente, en lugar de dañarla, y seguramente «ayudarla» significará hacerle comprender que estaba actuando mal, en contra de la Verdad y del Amor, y así esa gente, si le escucha, se volverá mejor gente.
El resto es ego.
¿Venganza? Ego del más espeso y más negro.
¿Y qué es el ego?
El ego es algo en nosotros que se fundamenta en una mentira, en algo contrario al Amor.
«Seréis como dioses» (tendréis poderes, no tendréis que soportar al «policía», al «Viejo lleno de ego ese», sabréis lo mismo que Él, podréis mandarlo al cuerno, no respetaréis más jerarquía que la vuestra, no tendréis que «humillaros» ante nadie, etc.).
¿A qué parte nuestra incentiva tal mentira, a nuestra humilde y buena esencia, o a nuestra soberbia personalidad o ego, tan propenso a ambiciones desmedidas?…
Eso quiere decir que hay una parte en nosotros que cree mentiras y no quiere saber nada con lo que es Verdad: nuestro ego.
En realidad no puede querer saber nada con la Verdad porque su misma existencia depende de una mentira.
Al comprender la Gran Verdad consistente en que el Amor es Dios, se nos hace fácil descubrir nuestro ego. Antes aceptábamos ciertas mentiras que le daban sustento, por ejemplo:
«Yo soy superior a (esa, ese, esos, esas) porque»… (mentira).
«Voy a darle su merecido porque»… (mentira).
«Mi etnia es superior porque»… (mentira, y quien acepta esa mentira se transforma en inferior).
«Mi creencia es LA VERDAD porque» (mentira, a menos que crea que lo es porque lleva hacia el Amor -Amor hacia todos sin distinción, no sólo a quienes creen lo mismo que usted cree-, porque el Amor sí que es la Verdad, y no hay más Verdad que Esa, y todo lo que de Ella deriva).
Lo cual, gracias a Dios, ya va siendo aceptado incluso por la ciencia oficial, porque Amor no es una creencia sino una fuerza perceptible, concreta, real.
«El sufrimiento ajeno no es asunto mío porque»… (mentira).
«No importa lo que yo haga aquí porque después de esta no hay otra»… (mentira, porque Dios Amor no va a «asesinar» a ninguno de sus amados hijos, déjese usted de pesadillas con respecto al pobre Dios Amor, que bastante se le ha calumniado ya).
Involucra sus exigencias y autoexigencia esto de creer en Dios Amor, así que ojo; creer en el «Gran Tirano del Universo» representa menos compromiso, ya que si es malo, uno también puede serlo, lo cual es mentira, pero ya sabemos que si el Amor fuera el oxígeno, el ego sería como el bacilo del tétanos, que muere ante su presencia.
En otras palabras, el ego sólo puede sobrevivir ante la falta de Amor, y como el Amor es la Verdad, el ego sólo puede sobrevivir en medio de la mentira.
¿Cuál es entonces el Pecado Original, esa deformación nuestra?
Regirnos por las mentiras de nuestro ego, lo cual nos hizo perder el Paraíso, es decir, una vida, un mundo, una forma de entender y vivir la existencia de acuerdo con la Verdad, con el fluir del Amor, con la sabiduría de la naturaleza.
Y desde el ego hemos creado todo lo que hemos creado, y hemos asesinado y destruido todo lo que ya sabemos, y seguimos en eso, vea usted el noticiero de hoy; y aquí estamos, fuera del Paraíso, amenazados por el malvado ser humano deforme, encerrado en su ego, sin el oxígeno vital del Amor.
Lo bueno es que podríamos emprender el camino de regreso al Paraíso a partir del momento mismo en que nos diésemos cuenta de que, como especie, hemos estado milenios durmiendo el sueño del ego, o más bien la pesadilla del ego; y a nivel individual, toda nuestra vida.
¿Qué es eso de «estar dormido», que se habla en terrenos esotéricos?
Estar presa del ego, tener en la cabeza toda una estructura, todo un sistema de valores falso, y no ser capaz de verlo como tal, y tomarlo por verdad.
Y verlo, y decir «no me importa», significa que en realidad no se ha visto, que no nos hemos salido del ego, porque para poder ver al ego y sus mentiras debemos salirnos de él.
¿Y qué hay fuera del ego? Amor.
Así que para poder observar nuestro ego debemos bajarnos de él y subirnos al Amor, y desde allá arriba sí que podremos verlo bien, y podremos ver que sus justificaciones son mentiras, que su existencia misma es mentira, porque sólo encarnamos nuestro ego cuando nos salimos de nuestra realidad interior Amor.
Desde el Amor veremos con claridad la locura en la que nuestra deformada mente, nuestro ego, nos ha metido, y veremos también el camino para salir de ella, individual y colectivamente.
Y veremos también que esa enfermedad que nos deformó no se hereda por sangre sino por cultura, que es una enfermedad cultural, que es un sistema de valores falso que hemos tomado colectivamente por verdadero.
La claridad que genera la simple aceptación de Dios como Amor nos ayudará a despertar gradualmente, y luego de un proceso de purificación de mentiras internas terminaremos por reconocer como falso lo que es falso, y como verdad lo que es verdad.
Y sólo entonces retomaremos el camino de nuestra esencia, de lo natural, de la coherencia, de la hermandad, de la solidaridad, del bien, del Amor.
Individual y colectivamente.
Aunque no sea un camino fácil, porque una enfermedad milenaria no se arranca de raíz de un momento a otro, sino poco a poco, con mucho trabajo y con gran cuidado, con los ojos muy abiertos, porque reconocer el mal que hacen los demás como mal, eso es fácil, pero reconocer el que uno mismo hace, eso ya no es tan fácil.
Ver a alguien metido en su ego es fácil, pero verse uno mismo en él es imposible, porque el ego no se puede ver desde adentro sino desde afuera de él.
O se está en la Verdad del Amor, o se está en la mentira del ego, pero saltamos de uno al otro mil veces al día, y lo que es peor, sin darnos cuenta.
Mientras no seamos capaces de mantenernos definitivamente en nuestra dimensión Amor, no estaremos capacitados para volver definitivamente al Paraíso, individual y colectivamente.
Y eso no es cosa de un momento a otro sino de un prolongado trabajo, interior y exterior, individual y colectivo.
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¿Falta de Evolución o Deformación?
Desde hace poco tiempo estoy plenamente consciente acerca de la clase de mundo en que vivo; desde entonces sé que pertenezco a un maligno “organismo cósmico autodestructivo” llamado humanidad del planeta Tierra.
Antes, yo creía que éramos malvados por falta de evolución simplemente, y en base a ello escribí lo que escribí; ahora sé que somos como somos no por falta de evolución, sino porque padecemos una enfermedad colectiva muy perversa, y sé que desde nuestra perversidad hemos construido esta “civilización” y todos sus sistemas culturales, sociales, religiosos, filosóficos, comerciales, educativos, científicos e ideológicos; incluso espirituales.
¿Le sorprenden a usted estas afirmaciones?
¿Pero por qué, si las tres principales religiones occidentales, cristianismo, islamismo y judaísmo afirman lo mismo, y justamente en esa idea se sustentan?
¿No es que somos el resultado del pecado de Adán y Eva?
¿No es que estamos “castigados”; que nos expulsaron del Paraíso por tramposos o algo parecido?
¿No es que cargamos con una pesada culpa en el alma, el famoso Pecado Original?
¿Qué significa la “salvación”, sino librarnos de las terribles consecuencias que acarrea la maldición que hemos adquirido por el sólo hecho de ser nativos de esta negativa especie?
Entonces, si somos unos «mal nacidos», unos delincuentes espirituales, unos enfermos del alma, unos locos peligrosos, es obvio que no íbamos a crear una civilización coherente ni cuerda ni honesta ni benigna ni solidaria ni pacífica.
Lo que hemos creado es el resultado de milenios de historia y prehistoria de división, guerra, tortura y muerte, o sea, el “fraternal y solidario” mundo que tenemos frente a nuestras narices, y que en estos momentos parece tambalearse por dos motivos, ambos originados por la falta de honestidad y coherencia humana: crisis económica mundial y cambios climáticos (que afectan la agricultura, y si ésta se resiente no alcanza la comida para todos).
¿Falta de evolución o perversidad innata, deformación, locura?
Los animales tienen falta de evolución con respecto a nosotros, supuestamente; pero no hay ninguna especie en el planeta que esté tan perturbada que atente contra sí misma, que se haga sufrir a sí misma mediante daño intencional a sus propios miembros (explotación, robo, esclavitud, tiranía, guerra, delincuencia, corrupción, lavados de cerebro, tortura, especulación, genocidios, violaciones, contaminación, etc.).
Esta es la única especie en la que sus miembros son enemigos potenciales entre sí, cosa que ni entre las ratas, ni entre los escorpiones, ni entre las peores fieras se ve.
No hay ninguna otra especie en la que el mayor terror para sus miembros lo provoquen otros de sus mismos miembros, y con mucha razón, porque algunos de ellos sólo piensan en hacer daño a otros; algunos viven para eso.
Ante tanta crueldad e injusticia en el mundo, la gran mayoría cierra los ojos y se deja embriagar con muchos Papá Noel, con muchas cigüeñas de París: moda, chismes acerca de gente del espectáculo, TV, deportes, negocios, política, trabajo, trabajo, trabajo.
Claro, porque el trabajo, tal como está planteado en este mundo, forma parte del castigo a los perversos: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, ya que si estuviésemos cuerdos habríamos construido una civilización coherente; y no hablemos de Amor, simplemente coherente con las necesidades colectivas, y allí el trabajo no estaría planteado como una pesada y obligatoria carga, sino como una posibilidad de expresión de vocaciones personales al servicio de la colectividad. Porque en una sociedad sana, cada uno puede realizar aquello para lo que fue concebido, aquello que mejor puede hacer.
En una humanidad medianamente lúcida no estarían los pueblos ciega e irresponsablemente gastando enormes recursos para destruir a otros pueblos y/o defenderse de ellos. Mientras millones de seres de la misma especie mueren de hambre, enfermedad y abandono. Y otros millones simplemente miran la novela de la TV mientras se comen un sándwich o se beben un whisky.
¿Falta de Evolución o Deformación?
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Nuestra Idea de Dios
Nuestra idea acerca del concepto «Dios» determina nuestra idea acerca de la vida, de los demás seres y del sentido mismo de la existencia.
Si sentimos rabia ante la «idea-dios», nuestra aproximación hacia la vida será «rabiosa».
Si pensamos que no hay Dios, el Universo y la vida poco sentido tendrán para nosotros.
Si sentimos incertidumbre acerca de la «idea-dios», o de lo que haya detrás de «eso», «si es que algo hay», nuestra vida estará bañada por la incertidumbre.
Si creemos que Dios es cruel, nosotros seremos crueles.
Si le tenemos terror a Dios, nuestra vida será «terrorífica», para nosotros mismos y los demás.
Si mantenemos una relación cálida y afectuosa con aquello que consideramos como Dios, así será nuestra relación con la vida y con los demás, incluso con nosotros mismos.
Y a la inversa, si no amamos a la vida y su Creador, tampoco amaremos sus creaciones ni sus dones, ni nuestra vida misma.
Si Dios es para nosotros el Amor, nuestra vida estará iluminada por el Amor.
Y con eso, ¿es necesaria una vaga, oscura y difusa, a veces tenebrosa, «idea-dios»‘?
¿O es mejor saltar directamente a experimentar la Energía de Dios Amor, sin ideas intermediarias, para realizar la más perfecta y cercana comunión con Dios?
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Dios Amor y los Ateos
Hoy casi nadie es tan bobo de no reconocer la importancia de los afectos en su vida: sus hijos, sus padres, la familia, los amigos, el barrio, el terruño, el país (unos pocos, la humanidad), el trabajo, sus creencias; por último, afecto hacia sí mismo y nada más.
Si usted busca o le gustaría recibir aplausos, admiración, respeto, ¿por qué?
Porque quiere que lo quieran = afectos.
Y decir afectos es decir Amor, sin darle carácter de divinidad si así le parece a usted mejor, sin mayúscula, amor; decir afectos es decir amor, con Dios y sin Dios de por medio.
Y como cualquiera reconoce que los afectos son lo principal en su vida, al decir amor estamos hablando de lo más importante de la vida, con o sin Dios.
Así que si un ateo no comulga con la «idea-dios», pero está consciente de la importancia del amor en su vida, en la Vida en general, individual y colectiva, puede convertir la fuerza amor en algo así como su dios interior, como lo más importante (aunque esté consciente de que en este mundo no siempre se pueda aplicar).
Entonces tendrá menos remilgos ante la posibilidad Dios Amor, o por último la «idea-dios-amor», que ante la «idea-dios», a secas, sin que se sepa nada qué podría ser eso, si es que algo de eso hay o existe.
Pero el amor, ahí está, haciendo latir su pecho.
Creencia cero, verdad totalmente lógica y racional: el amor es la fuerza que permite, ordena, le da belleza, felicidad y sentido a la vida.
Y su ausencia significa siempre dolor, sufrimiento, destrucción y muerte.
Y lo mejor de todo es que amor no es un mito ni una hipótesis ni una suposición ni una creencia sino una realidad CONCRETA, perceptible, experimentable, real.
Así que el ateo que no cree en la «idea-dios» pero privilegia al amor en su vida, no entra en contradicción ninguna con Dios Amor, lo crea o no.
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Podemos pensar cualquier cosa
Lo bueno de la vida es que podemos pensar cualquier cosa y nadie nos lo puede prohibir, aunque a muchos les gustaría hacerlo, pero eso es otra historia. Por ahora se puede pensar lo que a uno se le de la gana, así que aprovechemos que no hay nadie por ahí.
Podemos pensar por ejemplo que hay una Inteligencia Creadora o que no la hay.
En este último caso, que no es el mío, normalmente se piensa que el Universo es producto de un atolondrado caos de “algo” que hizo explotar “algo” y bum, el Big Bang, las galaxias…
(¡Bonito espectáculo! Lindo artista el atolondrado “algo” ese)…
Nada, caos, bobadas que surgen por pura casualidad, vaya uno a saber cómo, el hecho es que en uno de los minúsculos granos de materia de la explosión, el planeta Tierra, de la mezcla de silicatos, aminoácidos y aldehidovitamínicos org, más el calor de la lava volcánica, surgieron unos bichitos que se fueron reproduciendo y reproduciendo y adquiriendo diferentes formas, según las necesidades y las condiciones del medioambiente, hasta que un día ¡plop! surgieron las civilizaciones, el arte y la espiritualidad…
¡Qué notable! O sea que si hubiese faltado un poco de calor o de aldehído o de org, aquí no hay nadie, ni siquiera microbios…, para qué hablar del Taj Mahal, de la Novena Sinfonía…
En definitiva, suelen ser esos los pensamientos de quien piensa que no hay una Inteligencia Creadora detrás del Universo y de la Vida.
Pero albergar esas ideas implica necesariamente regirse por “la teoría de la pura casualidad” en todo sentido, y elaborar hipótesis como que nuestros sistemas de ideas con respecto a los valores humanos podrían ser también producto de meras casualidades, sin la menor proyección o respaldo a nivel extraterreno, y de ahí proviene el pánico hacia posibles formas de vida desconocidas, cuyos sistemas de pensamientos o normas morales o necesidades biológicas podrían implicar alimentarse de terrícolas… ¿Qué sabe uno lo que esa “gente” de oscuros y extraños parajes cósmicos podría considerar como bien y mal?
Y podría haber otra raza espantosa impulsándonos a hacer daño, quien sabe con qué siniestras intenciones, y razas de vampiros de otros tipos de sangre, y razas de malvados que… lo que a usted se le ocurra, y usted es bastante imaginativo, aunque no siempre hacia el lado bueno, lamentable-mente.
Pero cuando decimos que el Amor es la Ley Fundamental DEL UNIVERSO, estamos queriendo decir que lo que es bueno, lo que produce felicidad a las criaturas, es considerado bueno aquí y en Andrómeda, y que lo que es malo, eso que hace sufrir sin necesidad, sólo por maldad, igual; eso es maldad a nivel universal.
Y la maldad es abominable.
¿Por qué es abominable la maldad?
Porque atenta contra el Amor, y el Amor es la Vara de Medir Universal.
No somos TAN diferentes, todos estamos hechos de los mismos 103 tipos de átomos que están hechas todas nuestras cosas y todas las que caen del cielo.
Mayor o menor evolución significa simplemente mayor o menor cercanía del Amor, y el Amor va de la mano de la verdadera inteligencia, porque inteligencia sin Amor no es verdadera inteligencia, le falta conexión con el sentido superior de la existencia, con “el alma de las cosas”, que siempre tiene que ver con el Amor.
Por eso verdadera inteligencia es sabiduría, y ésta es el producto de una perfecta conjunción entre inteligencia y Amor.
Y por eso no podemos pensar en criaturas “inteligentes y malvadas”, o “evolucionadas y malvadas”, porque la inteligencia y la evolución dependen del Amor.
Así que gente distorsionada con respecto a la Sabiduría Universal, la Sabiduría del Amor, aparte de la de por aquí abajo, difícil.
Por lo menos así me parece a mí que son las cosas, digo yo, no sé…
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Enrique Barrios
