Cajón de Sastre

Esoterismo

Un Centro Esotérico o Escuela Esotérica o Centro Iniciático es algo fundamentalmente privado, secreto.

Hay miles de grupos u organizaciones que pretenden ser “iniciáticas” o “esotéricas”, pero si tienen publicidad, no lo son. Si mucha gente sabe que eso existe en tal dirección y tal ciudad, no lo son. Si tienen personalidad jurídica y cosas así, no lo son.

Hay diversas formas de llegar a una Escuela Esotérica; la más común es mediante un iniciado que tú no sabías que lo era, que detectó “madera” en ti, y que luego de estudiarte durante un buen tiempo comenzó a comentarte privadamente que él asistía a un grupo interesante…

Y no te va dando más pistas si no detecta interés de tu parte, pudiendo llegar a decirte que “ya no asiste más, que eso se cerró”, porque descubrió que tu “madera” era inadecuada.

En ciertos momentos, debido a alguna necesidad global, algún iniciado puede abrir una Escuela Semi Esotérica, o sea, puede publicitarse en forma discreta. El objetivo es buscar elementos valiosos para posteriormente realizar alguna misión.

Pero para que un Centro Esotérico o Semi Esotérico lo sea de verdad, quien está a cargo debe provenir de una larga cadena de iniciados, portadores de un Conocimiento que se viene transmitiendo privadamente de instructor a alumno en forma personal (no mediante libros ni rumores), sin haberse cortado jamás durante milenios, y siempre en forma privada, esotérica.

Y además debe tener contacto con un Centro Esotérico situado fuera del plano material; es decir, con Guía o grupo de Guías o Egrégor o «Rayo de Luz» de un plano superior de existencia.

Un Centro Esotérico es un lugar en donde, aparentemente, el Amor no aparece por ninguna parte. Todo allí es duro y estricto. En tiempos antiguos te cortaban la cabeza si fallabas o si «te ibas de boca» (si revelabas algún secreto).

El paso por un Centro Esotérico puede considerarse como una etapa previa al desarrollo del Amor, pero indispensable, porque primero se trabaja sobre el ego -aquello que se opone al Amor-, para que luego pueda éste manifestarse.

Un Centro Esotérico es un lugar de purificación interior (o más bien clarificación o «sinceración» interior) muy dura y acelerada, pero sólo al salir de allí se está en condiciones de comenzar a aprender acerca de dimensiones y capacidades superiores de la Fuerza Amor, porque ya hay un pleno conocimiento acerca de lo que al interior de uno mismo no es Amor, o sea, ego, sueño, ensueño, mentira y delirio.

Como el Amor es Dios, es necesario tener cierta limpieza interna, «la boca limpia», antes de hablar de Amor, pero en el mundo profano todos hablan de Amor, es tan fácil… ¿y cómo están por dentro?…

Un maestro que ha pasado por un Centro Esotérico es algo muy diferente de un santón. Él es capaz de ver por dentro. Aprendió primero mirándose él mismo, pero le ayudaron a verse.

Hay un personaje conocido como gran Maestro del Amor, y que sin embargo era capaz de tomar un látigo y de ofender de manera horrible. Allí se encierra la enseñanza de que el Amor es Paloma, y también León. Que hay cosas que deben ser respetadas. Un “Templo” puede ser profanado de muchas maneras, por muchos tipos de “mercaderes”. Para hacer lucimiento personal es una; para promocionar cosas ajenas al Templo es otra. No valorarlo debidamente es otra de ellas. Se cometió el error de darles “perlas” a los “cerdos”.

(¡Ay, habla de amor y trata con crueldad a la pobre gente!)…

Esa es la eterna cantinela de un profano cuando se encontró con un iniciado y fue irrespetuoso con él, y éste consideró que podría tener «madera» a pesar de todo, y trató de que observase su propia basura, y le aplicó alguna técnica milenaria para ver si era rescatable.

Si no le hubiese encontrado «madera», le hubiese tratado de «amado hermano» o algo así, a pesar de su torpeza…

Cuando un instructor esotérico es áspero, normalmente está siguiendo técnicas que aprendió en su Escuela, cuyo objetivo es llamar la atención del alumno hacia aristas duras de sí mismo.
O a veces está queriendo enseñar algo simplemente, mediante un método que hará que al otro no se le olvide jamás la lección.

Quienes pasaron por una Escuela Esotérica, como EB, durante veinte años, lo hicieron porque alcanzaron a ver en ellos mismos zonas de ninguna lucidez, de cero consciencia, y vieron que además tenían muchos “yoes”, uno capaz de negar un centavo y otro capaz de darlo todo, uno capaz de extender el dedo acusador por cualquier pequeña falta ajena, y otro capaz de albergar pensamientos o acciones muy sucias. Uno casto y otro libertino, etc.

La inmensa mayoría de la gente ni siquiera se percata de que eso existe dentro de ella, cierran los ojos, olvidan, se taponan esas zonas ante sí mismos; pero todos los alumnos de toda Escuela Esotérica han visto que pasan “dormidos” la mayor parte del tiempo, y con mayor claridad lo vieron cuando se les dieron herramientas para alcanzar momentos de real consciencia.

También vieron que el hecho de tener que soportar a un instructor es una dura prueba para sus egos, sobre todo porque éste les provoca, les “tira de las orejas” y a veces les expulsa definitivamente, y de forma nada de “amorosa” en alguna merecida ocasión.

Los buenos alumnos saben que las asperezas surgen solamente cuando hay algo que pulir en ellos mismos, y agradecen que se les esté dando una “pista” para perfeccionarse. En ese tipo de iniciativas es fundamental el respeto a la jerarquía, el cariño si fuera posible, dentro de cierta formalidad.

En una Escuela Esotérica se trata, entre otras cosas, de estar atento a sí mismo, y también a lo exterior, por lo tanto se busca el desarrollo de la Atención o estado de alerta o vigilia o consciencia de sí. Debido a ello se hacen fuertes llamados de atención cuando se cometen distracciones, olvidos, inconsecuencias, contradicciones internas y faltas de ubicación o respeto.

Se está queriendo formar a seres más conscientes, a futuros instructores de almas, por lo tanto el nivel de exigencia es muy elevado.

En un entorno esotérico el material de trabajo es el ego, al que hay primero que conocer y reconocer dentro de uno mismo, mediante autoobservación constante, “despiadadamente sincera”, para luego aprender a dominar, no a “matar” ni “atacar”, porque hay aspectos del ego que tienen que ver con la autoestima, con ciertas leyes de la vida como la autodefensa, el respeto de la propia jerarquía, el sano orgullo, etc; cosas que no son realmente ego, pero están muy próximas y se parecen mucho. Por eso, al pretender matar un ego podríamos estar dejando a alguien inválido psicológicamente, que es lo que hacen muchas sectas mediante el lavado de cerebro y la anulación de la autoestima y voluntad propia.

Pero lo que sí debe hacerse, y es prácticamente lo único que se hace en un Centro Esotérico, es dar herramientas al alumno para que sea capaz de ver su propio ego, para que salga del mundo del ensueño y de la mentira en que estaba y vaya ingresando al mundo de su propia realidad y de sus posibilidades superiores.

Y sólo cuando hayamos egresado podemos y merecemos ingresar adecuadamente a dimensiones superiores del Amor, la Magia entre ellas.

En un entorno esotérico el adepto cuenta con una herramienta extra para llegar a conocer mejor su ego, aunque es una herramienta nada de dulce: el instructor.

Allí, el adepto es sometido a innumerables provocaciones, pruebas a su ego, para que aparezca, y así el adepto pueda verlo mejor o descubrirlo, y a la larga dominarlo.

Cuando a un buen alumno se le hace un llamado de atención mediante alguna de las técnicas milenarias o “tirón de orejas” (“prueba”, “shock”, “barrera”, “celada”, “provocación”, “dramatización”, etc.), éste se come su malestar, ha desarrollado la humildad, y decide observarse para descubrir qué se le está queriendo señalar, qué defecto suyo asomó en alguna intervención (u omisión) suya, y así va aprendiendo a conocerse mejor, porque uno solo jamás podrá verse defectos muy escondidos, se los tiene que señalar alguien que sí se los vea, y la “pista” que entrega el instructor es muy valiosa en ese sentido.

Es muy valiosa porque nadie en “la vida ordinaria” le va a señalar –objetivamente– algún defecto suyo muy oculto.

Primero, porque muchos defectos humanos que en un terreno esotérico o espiritual son considerados como verdaderas lacras, en la vida ordinaria, en la calle, en el “mundo profano”, suelen ser tomados como virtudes.

Hay culturas que fomentan la arrogancia, la vanidad, la soberbia.

Hay otras que hunden la espiritualidad y ensalzan el materialismo y el egoísmo.

Hay otras que viven dentro de grandes mentiras colectivas.

Segundo, porque algunos defectos muy ladinos y sinuosos no los sabe reconocer o descubrir alguien no iniciado.

Tercero, porque como en la “vida ordinaria” reina la mentira, la hipocresía y la falsedad, la gente suele ser “diplomática”, y no va a ir a mostrarle a nadie los defectos que ve en otros, tarea peligrosa y delicada, por lo demás.

Peligrosa porque cuando a un no iniciado se le muestra algún defecto suyo, para no caerse del pedestal en que se subió el mismo, en lugar de reconocerlo se defiende:
1)    Contraatacando, a veces con violencia física, cualquier cosa con tal de no reconocer.
2)    Negando o no dándole importancia, «no es para tanto, je, je» (cinismo).
3)    Siendo compasivo y lastimero consigo mismo, acusando de “crueldad”, “calumnia”, “ofensa” (Ami 2, El Defecto Principal).

En los tres casos fue incapaz de tomar el “madero de tormento” que pregonaba Cristo como condición indispensable para abordar el trabajo esotérico, aunque el mundo profano quiera entender allí otra cosa. Ello no significa que no debamos buscar la felicidad, sino que si queremos ser realmente felices, debemos primero conocer aquella parte nuestra que se opone a nuestra felicidad, nuestro ego, y ello no va a ser grato. Pero el otro camino es pasarse una vida más sin querer ver nuestra propia realidad, nuestras mentiras, nuestro permanente estado de ensoñación, y como la felicidad es un fruto del Amor, y como Amor es Verdad, por el camino de la mentira o del ensueño no puede haber felicidad.

Cada vez que nos señalan un defecto y recurrimos a cualquiera de las modalidades señaladas antes para defendernos, hemos desaprovechado la ocasión de superarnos, hemos fallado en la prueba.

El Instituto Ami-Ophir, por el hecho de funcionar virtualmente, no puede ser algo tan terrible como una Escuela Esotérica, pero no podemos dejar de lado lo que más recomendaba el iniciado Jesús: ¡Velad! ¡No os durmáis! Y para eso están los Ejercicios, y éstos se relacionan directamente con la auto observación.

Los Ejercicios son el hilo conductor de la Enseñanza, nos ayudan a permanecer «despiertos», a estar atentos, a conocernos mejor; ello es necesario dentro del camino de le evolución personal porque tenemos que aprender a descubrir “la viga en el ojo propio” para no andar por el mundo condenando a los demás por sus pequeñas faltas, sin ver las grandes asperezas interiores nuestras, para que no andemos por la vida como “sepulcros blanqueados”, impecables por fuera, pero pudrición y muerte por dentro. Para que salgamos de la mentira e ingresemos en la realidad. Para que dejemos de estar «muertos».

Pero al mismo tiempo incentivamos la apertura hacia elevadas irradiaciones de Energía Amor que el Universo ha decidido poner a nuestra disposición, sólo que no es bueno mezclar energías del ego, de muy baja frecuencia, con elevadas energías de la Luz, por eso, los pies en la tierra, autoobservación, nuestro ego a raya, humildad, sinceridad; o los Guías no nos considerarán lo suficientemente calificados para que podamos merecer la gran irradiación de Luz que se nos quiere entregar en este Nuevo Tiempo, para luego derramarla sobre toda la humanidad.

Enrique Barrios