Cajón de Sastre

No hay Mesías

El concepto de mesías, término que quiere decir «ungido»; es decir, algo así como «señalado por Dios para una misión de bien», dentro de la religiosidad judía, que es donde nace el concepto, solía asociarse a un hombre que habría de venir para liberar al pueblo hebreo de su esclavitud y otorgarle gloria delante de todas las naciones, de acuerdo con una profecía de Isaías.

Cuando los judíos estaban cautivos en Babilonia aparece Ciro, quien les libera de su esclavitud, razón por la cual fue considerado como el profetizado mesías durante siglos, a pesar de que no era judío.

Más tarde, poco después de la aparición y desaparición de Jesús, considerado como el mesías por el cristianismo, los judíos fueron expulsados de sus tierras y condenados a vagar durante dos milenios por países extranjeros, sin tener tierra propia. Entonces se espera nuevamente la aparición de un nuevo mesías, y surge en nuestros tiempos David Ben Gurion, quien finalmente consigue que Israel vuelva a estar bajo la soberanía del pueblo judío, por lo tanto para algunos fue el mesías que les liberó de la esclavitud de estar siempre bajo dominio extranjero.

También hay una versión espiritual del concepto mesías, según la cual el Ungido habría de traer salvación espiritual para todo el mundo, y se aplicó a la figura de Cristo -xristos, término griego para ungido o mesías-, pero ya no se trataría de salvar a todo el mundo ni a los judíos, sino solamente a quienes creyesen en él, cosa que las estadísticas indican que el número de creyentes disminuye día a día.

Otros, tendencia creciente, adoptan a otra figura como su mesías, y muchos han aparecido y siguen apareciendo, europeos, hindúes, latinoamericanos, asiáticos, etc.

Sólo que allí sucede como en el cristianismo, que sólo quienes creen o siguen a alguno de ellos pueden contar con sus bendiciones. Y no estamos diciendo que esos mesías sean falsos, de ninguna manera, cada uno de ellos puede llevar luz a su rebaño; además sabemos que son nuestras creencias las que condicionan nuestra realidad, y si un gurú o bendito nos transmite buenas creencias, bueno será nuestro futuro.

Pero el mundo va de mal en peor, indiscutible realidad global, material y espiritual.

Y alguno podría pensar que más allá de creencias particulares y de fe, aquí hace falta que aparezca un mesías que sea superior a todos los mesías menores, que no han logrado traer paz y unión al mundo sino sólo a sus seguidores, y que este sí que la traiga para todo el mundo. Y ese sí que sería el verdadero Mesías, ahora con mayúscula, porque se trataría de un Mesías que traería salvación espiritual y material para toda la humanidad, para todos los pueblos, incluso para todas las religiones (y esto sí que sería difícil; ¿que vayan a aceptar a un nuevo Bendito como EL Bendito?)…

Pero no hay que pre-ocuparse porque ese súper Mesías no puede existir, no existe ni existirá, por la sencilla razón de que los siete mil millones que somos en el planeta no somos clones, ya que hay miles de niveles intelectuales y espirituales, miles de niveles de capacidad de comprensión, desde el que sólo está capacitado para digerir una espiritualidad tipo vudú o brujería, y no podrá entender nada que sea más elevado que eso, hasta personas que han llegado al nivel de comprender que cada uno de nosotros es su propio mesías, su propio salvador, con los miles o millones de niveles intermedios.

Por lo tanto resulta totalmente imposible que vaya a aparecer alguien con una receta que sea aceptada, comprendida y digerida por toda la humanidad, por todos los pueblos, por tontos e inteligentes, por todos los demás credos…

¡Sólo pensar que las más elevadas alternativas de crecimiento interior, aquellas que tienen que ver con el descubrimiento del mal en nosotros mismos, requieren una lucidez, una honestidad, un coraje y un nivel intelectual y espiritual que son de lo más escaso de este mundo!

Si la humanidad es piramidal en sabiduría, las grandes mayorías menos esclarecidas abajo, y unos pocos, y cada vez menos, mientras más cerca de la cúspide.

Si el Iniciado Jesús no dijo que venía a todo el mundo, sino a los pocos capaces de internarse por la «puerta angosta», porque ayer igual que hoy, las grandes mayorías dedican su mayor atención y energía a banalidades, a cosas que no llevan a un mayor crecimiento personal sino al contrario.

Imposible, locura pretender que toda la gente vaya a entender lo mismo. No hay Mesías con mayúscula, sólo hay mesías con minúscula, mejor dicho instructores, personas que pueden ayudar a guiar a otras personas en la vida, pero sólo a personas de un determinado nivel de comprensión, de evolución, de entre los millones que existen.

Y la mayor enseñanza que puede brindar un instructor, es la de llevar a su alumno a descubrir que él es su propio mesías, porque es él mismo quien deberá trabajar internamente para ascender en evolución. Afuera puede estar la guía, el mapa; pero el camino debe recorrerlo cada cual con sus propios esfuerzos.

El resto es charlatanería o explotación, porque nadie puede transmitirle poderes o salvaciones o iluminaciones especiales a nadie.

En su Universo Personal, el mesías, su mesías personal es usted; siempre ha sido usted; y en el Universo Personal de aquel, es aquel, si es que se da cuenta de ello aquel. Este asunto es individual.

Enrique Barrios