Cajón de Sastre

Sigo pensando

Me gustaría poder explicar en pocas palabras el sentido de mi pensamiento – sentimientos – trabajo – misión, pero no es fácil. Sin embargo lo intentaré. Para ello imaginaré un proceso mental mío partiendo de cero, o sea, lo que yo podría pensar si de pronto apareciese en este planeta, venido sin saber de dónde ni a qué, olvidado de todo lo anterior, si es que alguna vez hubo algo anterior para mí, y de repente tomase consciencia de mí mismo, y me dijese “qué rayos hago aquí, quién soy?”, y luego comenzase a elaborar un método, una guía para saber qué hacer en este mundo, cómo manejarme en él, cómo conducir mi vida, hacia dónde ir, qué buscar… ¡¿qué?!

Supondré que no será la lucha por sobrevivir mi única o principal inquietud, supondré que el problema de casa, comida, salud, abrigo y protección, incluso afecto y sexo, ya está resuelto. Haré como si esas necesidades mías ya satisfechas fuesen un automóvil con el tanque lleno de gasolina a mi disposición, y que yo soy el conductor.

Buen coche, tanque lleno, pero… ¿hacia dónde ir?…

Para guiarme en ese experimento buscaré la lógica, pero una lógica que tenga en cuenta mis sentimientos, mis sensaciones internas, mis necesidades del alma, mis instintos.

Imaginaré además que no tengo ninguna creencia, que no sé nada, que sólo puedo pensar y sentir.

Vamos allá entonces.

Estoy en este mundo, no sé nada, pero siento que amo porque me produce algo así como dolor el ver que alguna criatura sufre, yo incluido. Y porque me produce algo así como alegría o placer interior el ver que alguna criatura es feliz, yo entre ellas.

Primera conclusión, una vez resueltas mis necesidades básicas: amo.

No sé por qué, pero amo. Me gustaría que el ciego pudiese ver, que quien tiene hambre pudiese comer, que quien tiene frío pudiese tener abrigo, que el enfermo sanase, que las personas, los animales y las plantas fuesen felices, que nadie engañase a nadie, que nadie atacase ni hiriese a nadie, que se pudiera confiar en toda la gente, que los delincuentes encontrasen medios de vida que no hicieran daño a nadie, que nadie tuviese temor, que las ideologías y las creencias (cosas muy parecidas) no dividiesen ni hiciesen sufrir a las personas, que el mundo fuese un lugar de felicidad para todas las criaturas que lo habitan, en forma especial para el ser humano, que parece ser la criatura que más sufre en este planeta, porque es la única que no puede confiar en sus semejantes.

Sigo pensando, amo, una vez resueltas mis necesidades básicas, esa es la fuerza dominante de mi ser: amor.

Sigo pensando, descubro elementos de solidaridad, una forma de amor, entre casi todas las criaturas, especialmente entre las más avanzadas, como el delfín y otras, y también en muchos seres humanos, tal vez en todos, aunque algunos no sean conscientes de ello.

Sigo pensando, no me creé yo mismo, por lo tanto supongo que “algo”, o más bien “alguien” es el diseñador de este asunto llamado vida, de las leyes naturales, de todo lo que me toca experimentar; de esta “película” que me toca presenciar y vivir.

Sigo pensando, ese “alguien”, evidentemente tiene en muy alta consideración la fuerza amor, puesto que es la fuerza dominante en mí y, de un modo u otro, de las criaturas en general, de la vida en general.

Sigo pensando, o más bien, ahora comienzo a observar en mí lo que la fuerza amor me produce. La dejo fluir, me dejo amar, me permito sentir amor, entonces ingreso como en un estado de lucidez superior; desde allí me parece comprender mejor todas las cosas, incluso alcanzo a vislumbrar los motivos de ese “alguien”, y veo que también son amor, que el Universo y yo fuimos creados por amor, por el amor de ese “alguien”, al que en lo sucesivo llamaré Dios.

Sigo pensando y observando, y me parece ver que el sentido superior del Universo y de la vida tiene que ver con el Amor. Eso es lo más poderoso que he podido experimentar, y no se trata de una creencia, puesto que no tengo ninguna, sino de algo tangible, perceptible, concreto, real; lo puedo comprobar, y yo sólo creo en lo que puedo comprobar.

No sé qué es religioso, no sé qué es espiritual, pero el Amor… eso es una realidad, la más elevada realidad que me haya sido dado experimentar. Sin embargo, miro el mundo donde vine a parar, analizo, pienso, y comprendo que los seres humanos en su inmensa mayoría no son conscientes de lo que significa Amor, y por eso se tratan mal entre ellos mismos, se hacen sufrir, se dañan, se agreden, se… cosas terribles, increíbles a veces.

Y eso me duele, no sólo porque yo mismo podría ser una víctima, sino además porque son millones y millones quienes sufren debido a esa falta de comprensión o de sensibilidad con respecto al Amor, y ellos no son aves, no son insectos, no son lobos ni serpientes; ellos son como yo, o sea, humanos, por lo tanto son algo así como mis hermanos, y por eso me duele en forma especial el sufrimiento de ellos, aparte del que causan a otros.

Parecen estar ciegos, enfermos del alma; no cuidan su planeta ni a ellos mismos, no son responsables por su futuro ni por el de sus hijos ni por nada, y eso no es fácil de explicar, pero lo intentaré. Seguiré pensando y observando, atando cabos, meditando.
¿Por qué actúan así?…

Luego de analizar un buen tiempo he llegado a una conclusión: Creo que no se aman, que se desprecian, que tienen una pésima opinión de sí mismos. Esa es la única explicación que encuentro para que sean tan crueles consigo mismos y con los demás: No se aman.

Pienso que no se aman porque tienen muy poca comprensión o sensibilidad acerca de lo que significa Amor, y por eso actúan con tanta crueldad entre unos y otros e incluso consigo mismos.

Eso no sería muy grave si Amor fuese algo así como la electricidad o la fuerza atómica, pero resulta que Amor tiene mucho que ver con Dios, con el Creador de este sistema, de esta «película» que estoy viendo y viviendo, con el sentido superior de todo lo que existe, de cada uno y de cada cual, de mí mismo.

Tan importante he descubierto que es el Amor, que me basta con un simple vistazo para comprender que si no conduzco el automóvil de mi existencia de acuerdo con tan transcendente fuerza, me habré apartado del sentido superior del Universo y de la vida, de Dios, del que hizo posible que yo estuviese aquí hoy escribiendo estos pensamientos.

Pero ellos no lo ven, no aman, no se aman; sólo desean cosas o placeres superficiales, pero nada de lo que desean les brinda felicidad, porque lo superficial puede dar una satisfacción momentánea, pero la felicidad… eso depende de algo muy superior, llamado Amor.

Y por eso este mundo está como está, por eso hay tantos millones de personas que están muriendo de hambre y de abandono, tantos niños sin pan en las regiones pobres del mundo, mientras se financian costosísimos armamentos y se financia terrorismo, droga, y delincuencia; o sea, se financia destrucción y muerte, y no se financia vida y felicidad…

No favorecen lo que brinda dicha porque no se aman, y no se aman porque se apartaron de Amor, y Amor es la fuente de la felicidad.
Lo sé porque cuando amo soy feliz, y cuando no amo, mi vida es oscura y vacía.

Qué ganas de retirarme de este planeta, de encontrar un mundo en donde la gente no fuese tan ignorante acerca de Amor, el sentido superior de la existencia… Pero como no soy un soñador sino una persona objetiva, sé que eso no es posible. Así que estoy aquí y aquí me quedaré, entre estos hermanos tan ciegos, incluso aunque pueda ser víctima de su ceguera, que a veces es homicida… Pero así y todo, permaneceré junto a mis hermanos que tanto sufren. Permaneceré también porque hacer sufrir a otros es algo que duele mucho, aunque no nos demos cuenta de ese dolor. Y mis hermanos sufren, sobre todo, porque no cuentan con la Llave de la Felicidad: Amor.

Y por eso me dan pena, porque hacen sufrir y porque sufren. Aunque también me dan miedo a veces, porque… ya se sabe, en ocasiones son capaces de lo peor.

¿Qué hacer entonces, cuando es tan bonito y tan agradable ayudar a otros a ser felices?
La respuesta es muy clara, muy evidente, muy lógica, muy sencilla: ¡Enseñarles Amor!
Difundir Amor, aclarar lo que es Amor, hacer ver qué es Amor, abrir ojos, ayudar a despertar, suavizar almas, alisar entrecejos, aliviar corazones… ¡Ayudar a sanar el mundo!

Y así, de paso, algo hago para disminuir las posibilidades de que me hagan víctima de lo que la falta de Amor produce, o sea, dolor, sufrimiento, crueldad y muerte.

Ya sé entonces hacia dónde guiar mi automóvil, mi vida, mi ser. Soy coherente conmigo mismo y con el sentido superior de la vida. Estoy satisfecho, soy responsable y consecuente, y por eso tengo la conciencia limpia y la visión clara.
En definitiva, mi inteligencia me ha hecho escoger una ruta definida y clara para mí mientras esté en este mundo: Abrirle caminos al Amor.
Y buscaré a otros para que trabajemos juntos, porque yo solo… muy poco puedo hacer; pero si somos muchos y muchos…
A propósito: ¿Y tú?… ¿Qué escoges para ti durante tu estadía en este lugar?…

Enrique Barrios